martes, 7 de enero de 2014
miércoles, 1 de enero de 2014
ABC
CAPITULO II
Segunda parte
MAXWELL SMART
LOS PERROS DE TINDALOS
Y
UNA RESPUESTA ABYECTA, MUY ABYECTA
Después de tan larga conversación telefónica con mistel Yalibuli, exhausto, yo diría que, sin ánimo de exagerar, hecho unos zorros, descabecé en contra de mi voluntad un vigorizante sueñecillo de no sé cuanto tiempo para despejar mi mente. (Pura necesidad)).
Y digo en contra de mi voluntad, porque si hay un acto fisiológico en la vida de un hombre que no me gusta, es dormir. Detesto dormir.
Sin duda se preguntarán por qué. (En cualquier caso se lo voy a encasquetar de todas formas). Y es por lo siguiente: uno siempre se va a acostar en el presente, siempre, ¿o acaso saben ustedes de alguien que se vaya a dormir en el pasado o en el futuro?
No. Uno siempre lo hace en el presente. Pero, cuando se despierta, ¿dónde lo hace? En el futuro. Y el futuro nadie sabe lo que nos depara.
Como aquel amigo mío de juventud, gurrumino de gran valía, soltero, cuyo padre le puso el aristocrático nombre inglés de Jeremy, pero que todos sus amiguitos le llamábamos por su nombre y primer apellido: Jeremy Cipote, que de mayor deseaba ser mosso d´esquadadra, y que después de una noche de juerga se fue a dormir y cuando se despertó en el futuro se encontró casado, con cuatro niños, (Tommy, Ray, Gregory y Gerard Cipote) la suegra viviendo en su casa y siendo mecánico chapista.
Terrible. Y esto nos puede pasar a todos.
Sigamos. Satisfecho mi breve sueñecillo, al momento mi esposa entró por la puerta (siempre tan tradicional ella). La noté acalorada y con el pulso acelerado, como si viniera de hacer joystick… o jogging…, no recuerdo bien.
- Hola cariño, qué tal te ha ido – dije
Nerviosa y confusa, con voz jadeante, dijo:
- ¿Has visto mi móvil?
- Sí – dije – está aquí encima de la mesa.
Cogí el teléfono y se lo mostré. Ella sopló con fuerza el aire de los pulmones, como si se quitara un peso de encima.
- ¡Uf ¡– exclamó – creí que lo había perdido.
Me mostré comprensivo. (Como siempre)
- Lo has debido pasar fatal (sin el móvil)
- Pues sí, la verdad – dijo colgando el bolso en el respaldo de una silla – pensé que me lo habían robado.
Nosotros vivimos en un pueblo relativamente grande. No creo que haya en todo él un descuidero lo suficientemente hábil, osado o insensato como para atreverse a robar el móvil a mi esposa. De haberlo, ella pondría en alerta a sus muchos conocidos (amigas, primas, etc, etc): unas representantes notables de la localidad y otras empleadas en estratégicos estamentos.
Todas ellas, por orden de mi esposa, pondrían a su vez en alerta a sus correspondientes amigos o camaradas, y someterían al pobre caco a una persecución implacable hasta conseguir encontrar el móvil.
Luego se sentó a mi lado en el sofá. Se acodó en las rodillas, trémula, y quedó con la mirada fija en el móvil, obviamente reponiéndose del síndrome de abstinencia (De la movilcina).
Desde que se comprara el primero, años ha, y como ya dije más arriba, ésta era la segunda vez que mi esposa olvidaba su móvil en casa.
En la primera ocasión recuerdo que estábamos sentados en una terraza de la plaza Cal Font tomándonos algo, cuando de pronto empezó a rebuscar compulsivamente en el interior de su bolso. Pensé que le habían robado o que había perdido la cartera. “¿Qué buscas?”, pregunté. “El móvil”- contestó ella vaciando todo el contenido del bolso sobre la mesa – Creo que me lo he dejado en casa”.
Cortés, amable, complaciente, un sueño de hombre, como siempre soy, me ofrecí para írselo a buscar. (Aunque esto francamente no lo recuerdo con seguridad, pero conociendo mi innata caballerosidad, nadie que esté en sus justos cabales, o no sea un mentiroso compulsivo, podría ponerlo en duda ) “No es necesario” dijo mientras guardaba de nuevo en el bolso el batiburrillo de cosas que había extraído.
Al cabo de un par de minutos vi como, inconscientemente, se llevaba al oído un estuche de cosméticos de parecidas dimensiones a su móvil que se había dejado sobre la mesa. ¿Diga? ¿Sí? - decía por lo bajini - Después cogió el vaso largo de cerveza y más tarde el servilletero.
- No debe haber cobertura.
Suerte tuvo de no haber un zapato sobre la mesa, que en semejante caso hubiera parecido Maxwell Smart.
- ¿Me ha llamado alguien? – dijo por fin
Esta era una pregunta retórica, claro. De contestar que no, estoy seguro que su autoestima hubiera descendido a niveles de subsuelo, o pensado algo peor y más común entre los moviladictos: no me llaman, luego no existo. Aunque en tal caso, siendo yo como ya ustedes todos me conocen: un esclavo de los caprichos y el bienestar de mi esposa, no hubiera dudado en mentir.
- Un tal Mistel Yalili, o Yalaluli – dije
- ¿Yalilai?
- Es posible. Por cierto, hablaba fatal. Menos mal que estudié inglés de joven con el método australiano kukubala.
Una leve sonrisa de satisfacción iluminó la cara de la MDLN
- Tengo entendido que es un hombre muy influyente, y una de las mayores fortunas de China- dijo, como para sí – Conoce a Obama, y a Donal Tramp, y… a Ana Botella. A ésta yo creo que un poco por chufla.
- Seguramente – dije, como por decir algo
- Es un hombre muy ocupado. Ni siquiera puede hacer vacaciones. Es raro que me haya llamado. Tiene varias secretarias para administrar su repleta agenda social. Con decirte que los email que me envía los escribe a las tres de la madrugada hora china.
- Pues una de sus secretarias se ha debido despistar. Ha llamado cuatro veces
- ¿Cuatro veces? – dijo con sonrisa ilusionada
- Sí. Se habrá tomado un par de horas de vacaciones. Él, o sus secretarias
- ¿Y qué te ha dicho?
A veces creo que mi mujer me considera un ser superdotado (mentalmente hablando (lo soy pero no hasta esos extremos, joder)). Sin embargo…, confieso con humildad ( ¡Condenada humildad!) que no lo soy. ¿Quién puede recordar una conversación telefónica después de un par de cervezas, ver los resúmenes de los partidos de futbol, reflexionar hasta la espiritualidad sobre complicadísimas teorías cuánticas, y un reparador y vigorizante sueñecillo en contra de la voluntad de uno.?
Seamos sinceros: nadie. Y desgraciadamente yo no soy la excepción, pero como sabía de la gravedad de la pregunta, que de no recordarla, se me echarían encima los perros de Lovecraff, hice un vigoroso esfuerzo mental y mandé un S.O.S al hemisferio derecho de mi cerebro que es dónde guardamos parte de la memoria. Pero… ¡ca! nada. No recibí respuesta alguna.
Redoblé mi afán sabedor de que los perros de Tíndalos (Qué malos) ya me olisqueaban las pantorrillas, probé con el hemisferio izquierdo. Por suerte esta vez sí recibí contestación, eufórico, exclamé, de corrido: ¡Barcelona 3, Betis 0!
Teniendo en cuenta el odio africano que siente mi esposa por el futbol, me hubiera gustado tener testigos de la expresión de su cara. Con decirles que hasta la pobre Chispa, al oír mi metedura de pata, y conociendo la posible reacción atómica de mi esposa, se colocó al lado del mueble de la televisión, se sentó sobre sus cuartos traseros, y se quedó inmóvil como una decorativa figura de porcelana china tratando de pasar desapercibida.
- Disculpa, creo que he tenido un lapsus, ¿verdad?…- me apresuré a excusarme
- No te acuerdas… ¿A que no?
- Hemos mantenido una larga conversación con muy variados temas. – dije con pomposidad tratando de dar a mis palabras un tono de fingida trascendencia
- ¿Tú, una larga conversación telefónica…?
Noté en su voz un cierto tono de incredulidad. ( Para mi injustificado)
- Cariño, lo largo y lo corto son conceptos subjetivos – dije obstando por llevar la conversación al campo de la disquisición filosófica, que es uno de los campos en lo que yo me desenvuelvo con la gracia de un bailarín del Bolshoi (Más o menos, pero allá, allá). Otro es en el de los campos de fútbol, pero no me pareció adecuado.
A mi esposa se le crisparon los músculos maxilares dando claras muestras de que no era muy fan de las disquisiciones filosóficas.
Mientras, Chista, que seguía decorativamente petrificada previendo el peligro, me miró a hurtadillas moviendo a izquierda y derecha los ojos, como advirtiéndome que no siguiera por ese camino.
Luego, en uno de sus típicos gestos con la cabeza, mi esposa, generosa y magnánima (todo hay que
decirlo) me perdonó la vida.
- ¿Y qué quería? – preguntó de nuevo
Con esta pregunta vi el cielo abierto: La recordaba perfectamente.
- Quería hablar contigo – dije orgulloso de mi
- Si no hubiera querido hablar conmigo no me hubiera llamado, ¿no crees?
¡Touchdown!, o touché. No recuerdo bien
- ¿Quién es exactamente mistel Yalaluli? – pregunté
Para un aficionado taurino, esta pregunta vendría a equivaler a un pase de tirón, que es el utilizado por el torero (yo mismo en este caso) cuando quiere cambiar al toro ( ella misma en idem) de terreno, por tercio o querencia
- Ya te he hablado alguna vez de él.
Pero (¡coño!) lo que tenía enfrente era un morlaco cuernilargo, mal encarado y ojos inyectados en sangre. (la mía) . ¿Recuerdan que ya dije que no tengo una gran memoria. Y que por ello tengo que eliminar algunos recuerdos? Pues éste era uno de ellos. Todo lo que hacía referencia a mistel Yayiluli estaba irrecuperablemente en mi papelera de reciclaje.
- Sí, ya lo sé – dije, con mi credibilidad bajo mínimos – Pero te he preguntado exactamente.
- Ya, ya... No te acuerdas, ¿verdad? Todo lo que te digo te entra por un oído y te sale por el otro, como siempre – dijo con ese típico tono de frustración que mantiene distraídos a tantos y tantos matrimonios. – Nunca me escuchas. ¡Nunca!
- Cariño, no te lo tomes como algo personal, tampoco recuerdo lo que me ha dicho el tal Yalaluli
- ¡Yalilai! – gritó levantándose del sofá. Se giró hacia mi, dobló los brazos y colocando los dedos cual garras de águila rompehuesos emitió el mismo rugido bronco y gutural de una leona (ella) a punto de saltar a la yugular de un pobre, débil, indefenso y desamparado ñu (yo) Iba a decir algo, pero con sorprendente e inusual autocontrol guardó silencio. Envainó las garras y se dispuso a salir de la estancia. Sin embargo, cuando ya me creía a salvo, oh cándido de mi, volvió a girarse y preguntó:
- Por curiosidad: ¿qué has hecho durante toda la mañana?
Hay preguntas de tu pareja que más que abatirte, te desloman como si recibieras un lacerante zurriagazo; sañosas y crueles, pero ésta que me acababan de formular, es, sin duda alguna, la más terrible de todas. (Más cuando lo más tangible y evidente que has hecho es dejar sobre la mesa dos cervezas vacías, y en el fregadero una sartén, un vaso, un plato y un cubierto sucio).
Cómo explicarle que he estado meditando para desentrañar el gran misterio de las partículas elementales. O, lo que es lo mismo, cómo hacer comprender, a alguien que odia el futbol, la belleza geométrica del tiki-taka. Imposible. No había respuesta satisfactoria a esa maldita pregunta.
Volviendo a símil taurino, el morlaco, con aquella pregunta, diríamos, me había enfilado. En el figurado tendido de mi cabeza, oí expresiones como: ¡Oooh! ¡Dios mío! ¡De esta no se escapa! ¡Pobre hombre! ¡A este no le salva ni la Guardia Civil ! Pero como viejo y buen torero baqueteado ( Con pundonor, eso sí, con pundonor) en mil corridas o preguntas semejantes, decidí arrancarme y embraguetar con valor. Dije:
- Bueno…, iba a poner una lavadora y planchar un poco, pero…, el Yaliyuli ese no dejaba de llamar.
Tras mi respuesta observé que Chispa disimuladamente se tapaba con las cortinas del ventanal
- ¡Ya! – exclamó mi esposa emitiendo un bufido. Y sin más desapareció en el interior del piso.
Sí, lo sé. Sé que mi respuesta no fue muy acertada puesto que jamás he puesto una lavadora o he planchado. Y sé que una de las grandes ambiciones, o ilusiones de mi esposa es conseguir que lo haga. Y que por consiguiente, mi respuesta puede ser catalogada de abyecta, muy abyecta.
domingo, 29 de diciembre de 2013
2014
Muy buenas noches.
Aquí la MDLN.
En respuesta a los escritos del PDLN.
Sobre el primero. Solo decir que es cierto lo de la piscina.
Si, cada verano desde hace muchos hago mi ceremonia de poner y cuidar mi piscina “cutre salsichera” como la llamo yo.
Le puse ese nombre cuando vivíamos en la gran casa. Pues en la casa teníamos una piscina cubierta enorme, la cual nunca se termino por falta de presupuesto.
Y dicha piscina no pegaba nada con el resto de la casa.
Dicha piscina cumple y ha cumplido siempre su cometido, que es el de refrescar los calurosos días de verano y a su vez coger algo de color.
Mi familia se rie, pues debe ser la piscina más limpia a este lado del Misisipi.
Me encanta y me relaja, cuidarla, que le voy hacer.
Sobre el resto del escrito decir que el tal Spinoza. Jamás ha participado en mi ceremonia piscinera. Y reconociendo mi incultura, no tengo ni idea de quien es.
Lo de la frase de “esto es una trampa mortal”. Es completamente cierto, de vez en cuando suelto frases lapidarias de ese estilo. Pero siempre con un porque.
Esta fue causa de descojono por parte de mi marido y mi hija.
Os cuento, Estábamos de vacaciones en San Sebastian. Nos alojábamos en el Hotel Maria Cristina (que lujerio). Pues bien, habíamos ido a cenar con unos amigos y a la vuelta al Hotel, debido a unas obras, no había manera de conseguir acceder a la entrada del parking .Después de varias vueltas sin obtener resultado de cómo entrar en dicho parking, y viéndome algo agobiada, solté la famosa frase. Pues en aquel momento me pareció UNA TRAMPA MORTAL.
Sobre el segundo escrito, decir que me reí y que me gusto mucho más.
Es de los que van más al grano, ¿no es cierto?.
Confieso que por un rato, estuve intrigada. Llegue a creer que el Sr. Que llamaba insistentemente a mi movil, acabaría siendo algún amante desconocido y desesperado.
Hubiera estado bien. Menuda sorpresa, verdad?
No tengo que decir que esa parte es mentira, lógicamente.
Sobre la coquetería, es cierto, soy muy coqueta. Pero si es cierto que siempre me encuentra guapa, eso me enternece. Pues confieso que algunas mañanas me levanto, siendo de verdad “la niña del exorcista”.Pues no todas las noches me acuerdo de quitarme el rimel, y como supondréis entre los pelos a su aire y los restos negros en los ojos, me diréis quien esta guapa. Pero es de agradecer dicho comentario y más después de tantos años. Gracias cariño.
En esta ocasión, no he podido contraatacar con fuerza. No me ha dado motivos.
Pero creo que tendré ocasión en próximos escritos. Como también creo que me arrepentiré de haber deseado durante años ser su “musa”.
Lo iremos viendo.
Por cierto, estas fiestas, creo que me estoy pasando con la comida, como muchos de nosotros. Lo que quiere decir, que tendremos que ponernos serios, pasadas las fiestas, con el fin de recuperar el equilibrio mente cuerpo, si no el titulo del blog, cada vez tiene menos sentido y tendré que cambiarlo.
Mis mayores deseos para que los Reyes Magos os traigan muchas cosas. Y el deseo más grande es para desearos a todos una feliz salida de año y que el próximo de verdad sea mejor. Pues es un año par y los pares tienen que se mejor, digo yo.
Mucha salud para todos, que en definitiva es lo que cuenta.
Un abrazote y hasta el 2014.
viernes, 27 de diciembre de 2013
A
CAPITULO II
Primera Parte
MISTEL YALILAI
EL BOSON DE HIGGS
Y
MANOLO EL DEL BOMBO
Era sábado. Me levanté temprano. Mi esposa aún dormía. Después de ir al excusado me dirigí a la cocina y me desayuné un café con leche con un par de galletas. Mientras lo hacía, observe que en la cubeta del fregadero había una bandeja con lonchas de merluza y recordé que el día anterior la futura MDLN me dijo que ese sábado almorzaríamos merluza en salsa verde.
Desgraciadamente mi esposa por falta de tiempo apenas cocina los días de diario, pero los festivos y fines de semana, en su mayoría, se recrea en laboriosas recetas. La merluza en salsa verde es un plato que a ella le sale realmente exquisita y es sin duda uno de mis platos favoritos.
Chispa, nuestra perra, se desperezó en su canasto al lado de la mesa. Es una perra pinta, blanca, con grandes manchas negras en el lomo y otra que desde el inicio del morro la tiñe ojos y orejas a modo de antifaz.
Luego salí al patio. Este no es muy grande, unos seis por seis metros. El día era soleado y el viento fresco, lo que se agradecía después de un verano tan caluroso. Aún siendo tan temprano oí las voces de algunos niños jugando en el pequeño parque infantil que hay delante del edificio.
Cogí el cuenco de Chispa, entré de nuevo en la cocina y la puse de comer. Acabado fui al comedor, me senté en el sofá y puse la televisión. En aquel momento decidí no quitarme el pijama en todo el día. Chispa, después de comer vino a mi lado, me miró, giró varias veces sobre sí misma y se echó en el suelo. Al poco mi esposa se levantó. Me dio los buenos días, fue a la nevera y cogió un complemento lácteo. Luego vino hacia mi y me besó. Se sentó en el sillón y asentándose los cabellos con las manos dijo:
- Debo estar horrorosa.
Nunca, en ninguna circunstancia he encontrado fea a mi mujer, y mucho menos horrorosa. (Y me encanta que aún guarde esa coquetería matinal después de tantos años amaneciendo juntos)
Después de tomarse el café retiramos de la mesa auxiliar los restos de la cena de la noche anterior. Acomodados ya en el comedor. Ella comenzó a extraerse con pericia inexistentes impurezas de su rostro ayudándose de un espejo de aumento, mientras yo conectaba la tablet y daba un repaso por encima a los periódicos deportivos y generalistas.
A estos últimos menos. Desde que empezó la crisis siento verdadera náusea, vergüenza ajena de nuestros políticos, tanto de los que nos gobiernan como de la oposición. Cuando leo o escucho sus declaraciones no puedo dejar de sentir una repugnancia visceral.
Más tarde ella se levantó y al poco oí la ducha a través de la pared. Acabada ésta, y al no aparecer en el comedor me levanté del sofá y fui a ver qué hacía. Ella Rebuscaba en uno de los cajones del armario de la habitación pequeña. Me quedé detrás enmarcado en la puerta sin decir nada. Abrió otro cajón y siguió buscando. Luego me miró
- ¿Qué buscas? – me vi obligado a preguntar
- La pulsera que me regalaste para nuestro aniversario
No recordaba a qué pulsera se refería, por lo que decidí guardar silencio. Si se lo hubiera preguntado, ella me hubiera dado todo tipo de detalles y yo seguiría sin saber a qué pulsera se refiere, lo que la enervaría.
Debo decir que no poseo una gran capacidad de memoria o retentiva. Creo que es una simple cuestión física. Por lo que me veo en la obligación de eliminar algunos recuerdos cuya importancia no siempre es la misma para mi que para las personas a las que dichos recuerdos afectan de una u otra manera.
Lo que me hace victima propiciatoria de infinitas incomprensiones que se traducen a veces en filípicas regañinas, sobre todo por parte de mi esposa, incapaz de comprender que mis olvidos son obligados para poder mantener cierta y mínima salud mental . (La incomprensión. Oh, la comprensión. Nadie sabe lo que padece aquel que la sufre)
Volví al comedor.
Cuando ella apareció de nuevo ya estaba vestida y dispuesta para salir.
- ¿Adónde vas? – pregunté
- Tengo que comprar las almejas para la merluza.
- ¿Y?
- He quedado con la Madre del Novio. Haremos el aperitivo. ¿Y tú, qué vas a hacer, irás al almacén?
- No, hoy me quedaré aquí.
Se acercó a mi y me dio un beso de despedida.
- Acuérdate de comprar dos barras de pan. Ya sabes que me gusta mojar en la salsa verde. – dije mientras ella iba hacia la puerta
Chispa la siguió. “No, tú aquí”, dijo. (Mi esposa) Después oí como cerraba la puerta.
Lo primero que hice, ya solo en casa, fue prepararme un par de huevos salteados con beicon y desayunarme. [ Sí, yo también cocino. Tanto como a ella o a la que más me gusta cocinar complicadísimas recetas. Lo que ocurre es que por falta de tiempo por mis muchos quehaceres rara vez lo hago, debiéndome, lamentablemente, conformar con recetas más sencillas y breves. Oh, el tiempo, cuán nos acota su brevedad]
Abrí pues una cerveza y fui a sentarme en el sofá. Hallábame aquel sábado con inusual ánimo reflexivo, por lo que aproveché tan inspirado momento para ponerme cómodo y darme a la meditación tumbándome a la bartola en el sofá. Luego busqué en la televisión algún programa acorde a mi caviloso estado. Por suerte ese sábado estrenaban: La Clave , presentado por Manolo el del bombo. (Hay días en que todo le viene a uno de cara)
Pero he aquí que mientras mis ojos veían los resúmenes de los partidos de fútbol del fin de semana, y mi mente reflexionaba sobre la teoría de cuerdas y el boson de Higgs, que ambas teorías me tienen en un sin vivir, sonó el móvil de mi esposa rompiendo tan solaz momento.
Chispa, tumbada en el suelo alzó las orejas y me miró extrañada. Yo se la devolví aún más sorprendido al no ver aparecer a mi señora para contestar. El móvil dejó de sonar, pero volvió a hacerlo a los pocos segundos.
Indudablemente se trataba de un hecho insólito. Mi esposa, desde que se comprara el primer teléfono portátil, sólo en dos ocasiones se ha separado del mismo por olvido. Téngase en cuenta que duerme con él sobre la mesita de noche, y su modelo actual es sumergible hasta los 30 metros . “Por si algún día me da por bucear”.
Antes creería que en lamentable olvido mi mujer sale a la calle en ropa interior que sin su móvil.
Este sonaba en la mesa del comedor bajo unos papeles. Me levanté y fui a buscarlo dudando si contestar o no. Noté que Chispa hacía un gesto negativo con la cabeza, luego, adivinando mis intenciones, bajó su testa al suelo y se tapó los ojos con sus patas delantera (es cierto que los animales tienen un sexto sentido para el peligro)
En una decisión sin precedente, decidí contestar. Volví al sofá. La verdad es que me sentía, tal vez por la cerveza, inusualmente dicharachero.
- ¿Sí? – dije encantador y afable.
- Jelo, aim mistel Guo Yalilai
- Ah, estupendo – repliqué con sincera amabilidad - Me alegra saber que sabe usted quién es.
Y colgué
Satisfecho conmigo mismo fui a la nevera a por otra cerveza para celebrarlo. ¿Ves? - dije a Chispa cuando volvía – Yo también puedo ser extrovertido y sociable. Volví, pues, a tumbarme en el sofá y seguí meditando sobre la fuerza gravitatoria de los objetos unidimensionales. Pero al cabo el móvil volvió a sonar. Decidí contestar de nuevo.
- Aim mistel Guo Yalilai
- Yo, - dije templando la voz - el Padre de la Novia , encantado.
Y colgué.
Me sentí gozoso, eufórico, orgulloso de mi mismo por haber respondido al móvil por segunda vez, superando así mi aversión. Más a sabiendas que con ello sin duda alguna había ayudado a un pobre hombre con problemas de identidad, si no de soledad.
Volví pues a mis importantes quehaceres. Di un par de buenos tientos a la cerveza y vi cómo en la televisión Manolo el del Bombo entrevistaba a Piqué. Este reseñaba que la federación española de futbol debía regular la altura del césped de los campos, ya que en el partido contra el Betis, la hierba estaba sin cortar y al término del mismo debieron buscar por el herbazal a Messi con perros rastreadores, pues por sí solos no encontraba el camino de los vestuario.
Pero el móvil de mi mujer insaciable volvió a tañer. Dudé si contestar no sería abusar de mi don de gente.
- ¿Diga? – respondí
- Sel mistel Yalilai.
- ¿Otra vez?
- Yes
Un poco ahíto, cierto, pero para demostrarme a mi mismo que aunque poca y raquítica poseo paciencia y control nervios, me explayé (Para que luego digan)
- Señor Yalilai, - dije modulando la voz justo hasta alcanzar el tono de mezzo-soprano (mi tono preferido cuando quiero causar cierto respeto) - disculpe mi sinceridad, pero creo que se está usted reiterando. En su primera llamada me he alegrado de que sepa cómo se llama. Y amablemente me he presentado en la segunda. Así pues, somos amigos, pero me parece que está usted abusando de nuestra amistad. ¿No le parece?
Y colgué.
En la televisión emitían el resumen de Barça-Betis. Agoté la cerveza y con infinito deleite me expandí en el sofá. ¡Gol de Pedrito! Mientras, mi mente, como siempre analítica, cuasi científica… ¡Penalti!.. comenzó a reflexionar sobre el punto exacto de vibración de las cuerdas…¡Golazo!... o estado vibracional en el que se transforma un electrón en un fotón. ¡Arbitro, chufleteroooo!
Pero he aquí que entre protones, neutrinos cerveza y golazos me iba sumergiendo lentamente en la agradable inconsciencia que precede al sueño, cuando el móvil de mi mujer, tañe que te tañe. Atarugado me incorporé en el sillón. Carraspeé al punto del esgarro y contesté imitando la voz de Camarón. ( tono que doy a mi voz cuando estoy ahíto, muy ahíto)
- ¿A que es usted mister Yalilai? – dije
- Yes
- ¿Lo ve, señor Yalilai? Hoy ya hemos hablado tanto que nuestra conversación ha terminado por ser repetitiva.
- ¡No colgal! – exclamó de pronto mi interlocutor voz en grito (La verdad es que me adivinó las intenciones) – Es que yo…- siguió diciendo – no quelel hablal con usted…
- Vaya con mi amigo Yalilai. Lleva llamándome todo el día, y ahora resulta que no quiere hablar conmigo. No sé cómo tomarme eso.
- Yo quelel hablal con Madle de la Novia
- Pero alma de jarrón chino. – dije por facilitarle la comprensión de la locución alma de cántaro – todo el mundo sabe que si llama a la Madre de la Novia , y contestó yo, es que ella no está, y/o está inconsciente.
- Ai no sabel. ¿Cuándo estalá ella en casa?
- En cuanto se dé cuenta de que se ha olvidado el móvil. – y mirándome el reloj, añadí -: Es decir, dentro de cinco minutos.
- Entonces llamalé dentlo de cinco minutos – dijo con tal candidez que me enterneció
- No se moleste. – dije compasivo
- ¿No? ¿Pol qué?
- Dígame, ¿De qué conoce usted a mi esposa?
- Ella sel espelta en inflatables swimming pool, y yo sel plesidente de multinacional inflatables swumming pool, y yo quelel pedil consejo y adelantal las novedades pala el plóximo velano. Yo conocel esposa por e-mail.
- ¿Y le corre prisa comunicarse con ella?
- Yes
- En ese caso le aconsejo que siga comunicándose por e-mail
- ¿Pol qué? Yo quelel hablal con ella pol teléfono. Comunicación más pelsonal
Confieso que siento conmovedora empatía por todas aquellas personas que se empecinan en perseguir metas o deseos imposibles. (Es que soy todo favor)
- ¿Por qué? ¿Por qué? – exclamé comprensivo – Amigo Yalilai, la Madre de la Novia tiene comprometidas todas las llamadas telefónicas en los próximos cinco años. Y puedo asegurarle que en orden de llamadas es muy estricta.
- ¡Calay! Comprendo. Mujel suya impoltante.
- La que más, amigo mío, la que más
lunes, 23 de diciembre de 2013
GFF
Antes de empezar, quisiera reseñar, para no llevar a confusión a todo aquel posible lector, que en esta historia todos los personajes, no sólo sus nombres, son ficticios y producto de mi imaginación, no así la circunstancias en las que se ven envueltos, basadas, todas ellas, punto por punto, en hechos reales. (Realismo mágico 2.0)
Por ser este escrito de gran dimensión para este medio de publicación, y no querer abusar de la paciencia ni restar demasiado tiempo de una sola vez al lector, lo pasaré en varias partes o capítulos en intervalos de tres o cuatro días.
(Vanitatis 2.0)
CAPITULO I
“Esto es una trampa mortal”
(San Sebastián. Madre de la Novia )
“Yo un año más me quedo sin vacaciones. Para llevarlo mejor, he puesto una piscina en la terraza, en esta ocasión demasiado grande pues por aquello de ande o no ande caballo grande”
(Blog. Madre de la Novia )
CONSIDERACIONES EXISTENCIALES
He prologado este escrito con dos significativas citas de la MDLN. (Madre De La Novia ) Una, la primera, pronunciada con estupor en circunstancias que no deseo recordar en este momento, y otra, escrita tal vez con demasiada ligereza en este mismo blog.
Ambas, relacionadas, explican el motivo por el cual me he decidido a escribir la experiencia más luctuosa y trascendental de mi vida, aquella en la que, este verano, me enfrenté íntimamente con la muerte. No quiero que quien lea esta confesión piense que la MDLN es la causante de tan aciago suceso. No.
Y si lo fue, como relataré, fue como causa circunstancial, no premeditada y mucho menos alevosa, pues ella misma pudo correr la misma y desgraciada suerte.
Qué consorte, en su largo o corto matrimonio, no ha puesto alguna vez a su compañero o compañera en peligro de muerte. Sea al sujetar una escalera desvencijada para colocar una cortina, sea por el equívoco de un condimento, por un fogón, estufa u horno mal apagado; en un adelantamiento automovilístico mal calculado, un suelo en demasía encerado, o como en mi caso, al instalar una inofensiva y simple piscina hinchable para solaz recreo familiar.
Todos, casi sin excepción, podríamos relatar un incidente de estas desagradables características, en el que uno de los consortes ha podido enviudar al otro. Y yo, hoy, sin el menor ánimo de rencor o reproche, quiero contarles las circunstancias que me llevaron a estar más muerto que vivo; lo sucedido el aciago día en el que la muerte, abrazándose a mi cual amante y apasionada esposa me robó el aliento y silenció durante largos segundos el latido de mi corazón.
No, no guardo en ese mismo corazón salvado in extremis resentimiento. No. Tal vez lo contrario. Por nada en el mundo deseo volver a pasar por tan terrible experiencia, si no es en aras de la Novia , de la cual soy padre, o mi propia esposa.
Pero, ya pasado, doy por bueno dicho trance, pues desde entonces, mi vida ha adquirido nuevos valores, sentido y prioridades. Y sin lugar a duda, me ha tornado más reflexivo y tolerante.
La vida es un regalo que se nos da prestada después de infinito azares que se han sucedido durante millones de años en el conjunto de todas las cosas creadas.
Debemos pues asumir la fragilidad de la vida, sin miedos ni pesares. Lo contrario nos aboca sin remedio a la infelicidad. Siendo la felicidad el objetivo primero y últimos al que debemos tender.
No hay más díos que la misma naturaleza. Y ésta sólo puede existir en la finitud de todas las cosas. Nuestra existencia es menor al zeptosegundo, es decir, a la mil trillonésima parte de un segundo. Pero… todo es tiempo.
Bajo el aspecto de eternidad, (Sub specie aeternitatis según el filosofo Spinoza) el hombre no se diferencia en nada de cualquier otro ser. “ Un hombre feliz en nada piensa menos que en la muerte” ( Etica IV, proposición LXVIII)
En esta época de incertidumbre, estrés, de falta de valores éticos y morales, la obra de Spinoza está considerada terapéutica, autentico consuelo filosófico (consolation philosophiae) Léanla. Su lectura no es fácil y requiere de gran paciencia, pero sus definiciones, Axiomas, Postulados, Lemas, Proposiciones y Escolios, son pura satisfacción intelectual.
Por sus supuestas y equivocadas opiniones, errónea conducta y horribles herejías que practicaba y enseñaba según los próceres religiosos de la época, Baruch Spinoza fue un racionalista excomulgado con un terrible decreto en 1656, del que resalto algunas de sus sentencias:
Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza
MALDITO SEA DE DIA Y MALDITO SEA DE NOCHE; MALDITO SEA CUANDO SE LEVANTA; MALDITO SEA CUANDO SE ACUESTADE; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone.
Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la ley
Ahí es nada. Pero no nos engañemos, esos próceres que excomulgaron a Spinoza, siguen existiendo.
Y sin más, paso a relatar la historia de cómo estuve más muerto que vivo, cuando, parafraseando a mi esposa, una inofensiva piscina hinchable se convirtió en una trampa mortal.
PISCINAS HINCHABLES
Desde hace más de 20 años, cada verano, sin excepción, hayamos salido de vacaciones o no, jamás ha faltado en mi casa la tradicional compra de la piscina hinchable. Ésta, es tan consustancial a nuestros estíos, que si un año no la compráramos, estoy seguro que los metereólogos debatirían si ese año habría o no habría habido verano.
En tal caso de debate, los científicos llegarían sin duda a una conclusión negativa aunque sólo fuera por simple lógica silogística. Verbigracia: Si una golondrina no hace verano, la falta de una piscina hinchable en la casa de los padres de la novia, tampoco.
Como bien habrán imaginado por el proemio, la encargada de la compra de la piscina hinchable es, sin duda alguna, la MDLN. La cual, a lo largo de los años se ha convertido en una gran experta.
Sus minuciosas observaciones sobre las mismas pueden en legitimidad considerarse cuasicientíficas, ya que éstas abarcan todos los campos: desde el pavimento donde se asientan, la calidad de las capas de PVC de la que están formadas, la presión del hinchado y los filtros de limpieza, hasta el saneamiento del agua.
Observaciones que cada año son redactadas por ella misma y por escrito con todo lujo de detalles en los formularios de control de calidad que los fabricantes ponen al servicio del cliente consumidor.
La meticulosidad de dichos informes, a lo largo de los años, han adquirido tan merecido prestigio que se han convertido por derecho propio en ineludibles ponencias en los consejos de administración de las empresas fabricantes
El prestigio de la MDLN como especialista en piscinas hinchables para recreo familiar, se ha extendido tanto por el mundo, - mayoritariamente por China, donde se hallan las principales fábricas – gracias a los medios de comunicación y, por qué no decirlo, al espionaje industrial, que desde hace ya años, a partir del mes de Febrero, no deja de recibir correos electrónicos de fabricantes publicitando las bondades de sus piscina deseosos de que su marca adquiera renombre al ser seleccionada por la MDLN.
Y hasta aquí el primer capítulo. En próximo narraré el primer contacto que tuve con el fabricante del artefacto (piscina hinchable) que me transportó durante varios zeptosegundos antes las mismas barbas San Pedro.
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