miércoles, 23 de octubre de 2013

Buenas noches.
Tengo que reconocer y reconozco, que el escrito del PDLN ha sido un rotundo éxito- fin de la cita.
Si hubiese sido un programa de TV habríamos ganado por goleada al resto de los canales.
Dicho esto y en defensa de mi misma.
Tengo que decir que el juega con ventaja. No solo por ser más leído que yo. Si no porque se toma su tiempo para hacerlo.
Yo escribo tal y como pienso.
El ha tardado 2 meses en escribir esa maravilla.
No es envidia……..no, para nada.
Ahora voy a por mis miles de seguidores, esos más o menos 5.
Sois una panda de infieles.
Sin compasión hacia mí. Y sin durarlo os habéis vendido al primero que ha pasado, por este mi blog.
Yo que siempre he sido tan cariñosa con vosotros, que me lo curro mucho.
Y como me lo pagáis?.
Poniéndome LOS CUERNOS con el  PDLN.
Como bien dicen eso de la infelicidad es algo innato en el
Ser  humano y que lo de ser fiel es un invento del Cristianismo.
Conclusión sois todos muy “humanos y muy poco católicos”.
A partir de ahora……………no penséis que voy a cambiar mi modo de escribir. Simplemente me limitare a ser la protagonista secundaria de este Blog.
Por ultimo. Deciros que todo es broma.
Que no estoy celosa, estoy CELOSISIMA.
Pero me divierto mucho.

Por cierto ¿Qué pasa con las saludes?.
La mía muy bien y espero que las vuestras también.
Muy buenas noches y felices sueños.
Y a esperar con impaciencia la próxima entrega del PDLN.

 

LA VENGANZA DE LMDN………” ALIAS LA NIÑA DEL EXORCISTA.

Debido a la provocación publica ante mi numeroso grupo de seguidores (5).
Me veo en la obligación de defender mi honor.
Tanto es, que estoy pensando ir a Sálvame de Luxe.
Primero y antes de que se olvide, a todos los que piensan que el PDLN, debería escribir un libro, debido a lo bien que escribe. Os diré que no es buena idea, pues el PDLN. Es extremeño.
Diréis y que?
Pues bien, que los nacidos en esta región y sin saber exactamente porque, tienen el EGO lo suficientemente elevado, como para que si se diese la casualidad de conseguir la fama, seria del todo imposible de aguantar.  Por eso es mejor dejar las cosas como están.
Dicho esto. Paso a aclara la realidad de la ficción  del escrito del PDLN .
Esto suponiendo que coincida mi realidad con la de él.
Si me gusta hablar y que?
Hablo mucho  ¿comparado con quien?
Si la comparación es con el PDLN .
Pues si hablo mucho.
Pero todo tiene su explicación.
Yo como persona educada en colegios de pago y públicos. Tengo la creencia de que cuando estas con alguna persona, sea cual sea el momento. (bueno en algunos momentos de esos que duran poco, es esos no es necesario). Es bueno hablar.
Un ejemplo. Estas comiendo en un restaurante con alguien. Pues yo tengo la necesidad de entablar una conversación. Pues de lo contrario, me aburro y pienso que mi acompañante también se aburre. Porque si no para que quedas con alguien. Te quedas en casa o comes solo.
¿Tengo razón? O no.
Yo cuando conocí al PDLN, hace mucho, en plena adolescencia. Llegue a pensar que tenia alguna dificultad en componer frases largas. Pues a pesar de que era un buen estudiante y por que no decirlo muy guapo. No brillaba por sus largas conversaciones.
Era bastante monosilabito.
Cariño vamos al cine?
Bueno.
¿Quieres que quedemos a las 5pm?
- Estupendo.
Más o menos era asi. Es más, cuando la relación se fue haciendo más seria. Yo de vez en cuando, le preguntaba.
¿Cariño me quieres?
- Si, mucho.
Con esa contestación, me daba la suficiente seguridad para seguir con él.
Yo como es normal, me montaba unos monólogos, que ni los del Club de la Comedia me igualaban.
Estoy segura que de la mitad de lo que decía, no se enteraba, pues tiene el don de la abstracción.
Es capaza de estar físicamente  súper interesado y estar mentalmente a kilómetros de la conversación.
Os cuento una anécdota.
En una ocasión estábamos en Madrid  como expositores y no recuerdo bien porque conocimos a un español que había vivido mucho tiempo en Argentina y habia vuelto con el acento y la velocidad al hablar , como puro argentino.
Pues bien dio la casualidad que coincidimos con él en el mismo restaurante. Nosotros estábamos reventados del día de feria y solo queríamos cenar e irnos al  Hotel.
Cenábamos mi hermano y el PDLN y yo.
Al vernos el Sr. Español-argentino nos pidió si se podía unir a nosotros para cenar. Bien el Sr. Con su tono y voz pausada, se dedico a contarnos sus vivencias de aquí y de allí. Mi hermano y yo le prestábamos toda la atención que nos dejaba el cansancio y comentábamos algunas de sus anécdotas, el PDLN, no soltó palabra en las dos horas y media que duro la cena.
Sabéis que paso?.
Pues que el Sr. Acabo diciendo que el PDLN era una persona que sabia escuchar y que le gustaba ese tipo de personas. Lo que no sabia él, es que el PDLN hacia horas que estaba mentalmente el la cama durmiendo y que si era buen escuchante era, porque precisamente no estaba escuchando.
Pero físicamente aguanta como un cosaco.
Con el tiempo y a la fuerza he aprendido a controlar mi diarrea verbal. Ahora soy capaz de viajar durante 1000km y hablar, lo mínimo.
 Reconozco que me cuesta y que el viaje se me hace mucho más largo que si se habla.
En una ocasión hice un viaje Barcelona Paris en coche con mi hermano y como que somos parecidos, se nos hizo el viaje cortísimo.
Tengo que reconocer que en ocasiones, si me han dado ganas de retorcerme en la silla por tanta falta de darle a la sin hueso. Pero se controlarme.
La escena de la biblioteca es ficción. Como habréis comprendido.
Que soy buena artista, si, que le voy hacer. Si una sirve para todo.
Lo del calor y que no teníamos un duro. Pura realidad.
Los detalles cariñosos y románticos……………Espero que pertenezcan a la parte de la realidad.
Por mi parte. Es que en aquel momento y a pesar de nuestra gran diferencia de manera de ser, yo era muy feliz. Es más pasados muchos años y con ellos muchos problemas, dificultades, alguna  decepción y otros avatares que conlleva la convivencia, sigo siendo feliz con mi “mudito, rata de biblioteca”.
QUE BONITO, QUE BONITO. 
  
 

martes, 22 de octubre de 2013

Soy yo, La madre de la novia. Ahora no tengo tiempo de contestar a mi querido Padre de la novia. Pero espero hacerlo largo y tendido. Continuareeeeeeeeeee.

La rata de biblioteca

                              EL TRAUMA             

En el escrito del día 28 de julio, mi querida esposa, MDLN, me define textualmente como: “Rata de biblioteca”

Al leer dicha frase no me sentí ofendido, aun cuando la frase se aplica casi siempre despectivamente para definir a una persona que pasa demasiado tiempo entre libros.

 No es este mi caso; sin ocultar por ello mi moderada afición a la lectura.

Para mí, el paraíso no es un tipo de biblioteca, como dijera Borges

Sin embargo, confieso que al leer la frase, si bien no me sentí molesto, sí experimente un escalofrío que lindó la ansiedad y que recorrió durante largo rato  mi bien cuidado espinazo, reavivando inesperadamente un viejo trauma de tierna juventud.

Como todo el mundo sabe, los traumas, o choques emocionales, aún en aquellos de menor importancia, siempre quedan subyacentes, y que, cuando los creemos ya extinguidos por el paso del tiempo, basta un hecho,  a veces tan sólo un olor, un sabor, una canción, o como en este caso, una frase escrita, para que los recuerdos afloren de nuevo causándonos  un vivo dolor.

Confieso no saber cómo superar los sentimientos negativos encerrados en  nuestra cabeza. No obstante, he oído decir, que para superarlos, uno de los métodos más eficaces es hacerles frente con determinación, reviviendo los hechos de la forma más objetiva posible, como si fuéramos un mero espectador desapasionado de nuestra propia y triste historia.

Prometo, antes de empezar, que así trataré  de hacerlo, aun en la seguridad de que ello me produzca en determinados momentos del relato evidente malestar.


                                             1973                             

Tanto la MDLN como un servidor nos hallábamos en el esplendor de nuestra adolescencia.

En aquel año, en la televisión se emitían programas como Los Chiripitifláuticos, el Un, dos, tres, responda otra vez, Estudio abierto o series como Colombo o Kung Fu.

 Se publicaba la novela Pantaleón y las visitadoras y el Atlético de Madrid ganaba la liga de futbol.

 En política, allá por septiembre, Salvador Allende se suicidó en el Palacio de la Moneda, y un hijo insigne de la monstruosidad, tomó  el mando.

Un chofer en la madrileña calle de Claudio Coello, se equivoca de dirección y al tratar de rectificar  mueren dos personas y un tal Carrero Blanco.

Por las emisoras de radio, televisión y discotecas,  se podían oír canciones como Charly, del grupo Santa Bárbara,  Il Mio Canto Libero de Lucio Battisti,  El gato que está triste y azul de Roberto Carlos, Eva María de los Formulas V, Amor Amar de Camilo VI, y  el clásico de Lou Red, Walking On The Wild Side. También el Glam Rock está en su apogeo con la edición de LPs de T-Rex y Aladdin Sane, de David Bowie.

En cine fue un buen año, por ejemplo, se estrenaron películas como El Golpe, con Paul Newman y Robert Redfort; La Noche Americana de Truffaut; Serpico y la no menos exitosa: El Exorcista, basada en la novela Willian Peter Blatty, un clásico ineludible en el cine de terror, y de gran repercusión social

En moda, las mujeres usaban botas largas hasta las rodillas, shorts y abrigos largos; y en los hombres pelo largo y alaciado, anchas patillas, camisas de colores sicodélicos,  pantalones ajustados con generosa hebilla en el cinturón y zapatos con frente ancho, tacones y plataforma.

En aquel año murió en la cumbre de su carrera, Bruce Lee, convirtiéndose instantáneamente en mito.

                            PELANDO LA PAVA


Recuerdo que transcurría el mes de agosto. El verano de aquel año fue especialmente caluroso. Serían las cuatro de la tarde, y el sol caía hiriente produciendo en la piel el escozor de las ortigas, aunque al norte, el cielo se teñía de nubes oscuras.

  La MDLN y un servidor paseábamos rambla abajo pelando - aunque más correcto resultaría decir asando - la pava.

 Al pasar por la caja de ahorros miré hacia el Club deseando entrar para protegernos del sol, pero entonces recordé que apenas me quedaba presupuesto para un par de refrescos, y hasta las nueve de noche, hora en la que ella solía volver a casa, faltaba mucho tiempo, así que pensé que mejor sería guardar el dinero hasta más avanzada la tarde.

 Pero el calor apretaba y empecé a dudar de que el galliforme animal que pelábamos no fuera a morir de insolación, o lo que era peor, que mi bella amada, en lógica decisión, deseara volver a casa hasta que pasara la canícula.

 (Algo que yo hubiera sido incapaz de proponer: antes morir achicharrado o como mojama de Barbate que privarme de su presencia)

Así que vi el cielo abierto y a una horda de niños  alados que alabaron mi suerte, cuando al pasar por la biblioteca pública la futura MDLN propuso entrar.

Rápidamente asentí sin hacer la menor objeción.

Yo jamás había estado es una de biblioteca, y consideré oportuno no decirlo, inseguro de la opinión a favor o en contra de aquella adolescente que ocupaba todo mi pensamiento pudiera formarse de mi: si empollón de haber estado, o babieca de lo contrario.

- Yo nunca he estado en la biblioteca- dijo ella como lo más natural del mundo.

Consideré aquella confesión como una muestra más de su gran personalidad. Ni por asomo la consideré babieca a aquella adolescente de Shorts magenta y camisa rutilante, sino, atractivamente contracultural, lo que hizo aún más patente mi admiración.

- ¿Y tú, has estado alguna vez? – añadió.

La respuesta, naturalmente, me fue servida en bandeja de plata, así que,  repliqué arrogante, con una típica frase del cine americano que aún hoy me sonroja haberla pronunciado:

- ¿Yo? Pero bueno, ¿por quién me has tomado?

                       
                             LA BIBLIOTECA

                   O CÓMO LA FUTURA MADRE DE LA NOVIA
                       ENTRA EN ESTADO CATATONICO

La biblioteca se hallaba en el entresuelo del edificio.
Cruzamos el enorme y viejo portón de hierro fundido y subimos las escaleras. Ya arriba, gentil, franqueé la puerta acristalada y cedí el paso a mi acompañante.

 Ésta, nada más entrar, se detuvo. Sus ojos comenzaron inesperadamente a escudriñar cada rincón del local, como si deseara detectar el origen de un malestar.

 La futura MDLN siempre ha sido una mujer de expresión alegre, y cuando su rostro no muestra dicha alegría produce cierta perplejidad. La miré y sentí que algo en aquel lugar no era de su total agrado.

Tal vez no fuera más que una falsa impresión mía, no obstante, y después de saber lo que no tardaría en pasar, debí hacer caso a mi intuición e invitarla a abandonar la biblioteca. Pero desgraciadamente, no lo hice.

  En aquella época ( actualmente no lo sé, después de lo que sucedió lógicamente no he vuelto nunca más) la biblioteca la formaban dos salas en forma de L invertida, donde los libros se ordenaban en oscuras estanterías que forraban las paredes.

 Ocupando el espacio, había grandes mesas de madera de nogal, de seis u ocho asientos, en las cuales descansaban  pequeñas lámparas individuales con pantalla verde.

 No había aire acondicionado, pero el calor quedaba amortiguado por dos ventanales entreabiertos y varios ventiladores de techo que producían una agradable brisa interior.

 Frente a nosotros, en una pequeña mesa, la bibliotecaria, bajo los sempiternos crucifijo y foto de Franco que colgaban de la pared,   escribía, y que al percatarse de nuestra dubitativa presencia, nos miró con evidente fastidio, como si la perturbáramos en su quehacer.

-¿Entramos? – dije.

 Ella asintió levemente con la cabeza.

Dos hombres de edad avanzada jugaban en silencio al ajedrez en una de las mesas. Otro hombre que parecía por su vestimenta de profesión liberal tomaba notas de un grueso volumen. Un anciano  leía el periódico. Y más allá tres jóvenes se aplicaban en sendos libros. Nos sentamos en la mesa de al lado.

 Luego nos levantamos y ambos recorrimos varias estanterías para elegir lectura. Ella se decidió por una revista de moda,  y el azar y por su sonoro nombre yo elegí un libro de narraciones de un tal Giovanni Boccaccio.
 
  Después volvimos a nuestro asiento.

Boccaccio inicia sus relatos describiendo las trágicas consecuencias de la peste bubónica que asoló Florencia allá por el año 1348.

Tras leer un par de páginas cerré el libro con la intención de levantarme para seleccionar un nuevo volumen, pero por no hacerme notar en el mutismo de la sala, me obligué a leer al azar al menos una de las narraciones.

Ni qué decir tiene que al instante quedé prendado de la sensualidad que desprendía. A tal punto me abstraje en la lectura, que cuando volví a levantar la cabeza, varios de los allí congregados habían desaparecido, y mi acompañante había dejado de ojear la revista  y permanecía en silencio con la mirada perdida en la nada.

- Si te aburres…- dije sin mucha convicción  – podemos irnos
- No – dijo

 Seguí pues leyendo. Al poco, o al menos eso me pareció, no podría precisarlo, ella se inclino hacia mí, y dijo misteriosamente:

- La silla se mueve.

Señalé con el dedo índice la última palabra que leía

- ¿Qué silla?
- Esta – dijo señalando con la mano su asiento
- La habrás movido sin querer.
- No, yo no he sido.
- Las sillas no se mueven solas. - dije. 
- Shsssssss- siseó la encargada de la biblioteca dirigiéndonos una mirada de desaprobación.
- Acabo de leer el cuento que he empezado y nos vamos, ¿de acuerdo?

Volví a reconcentrarme en la lectura. Acabé el cuento que leía, y sin recordar mi promesa, - de lo cual me arrepiento infinitamente  -  comencé a leer uno nuevo, y acabado éste principié otro, y tan embebido estaba, que no podría asegurar que fuera el último.

 Pero de pronto, un golpe seco, rotundo, metálico, precedido por un largo y siniestro chirriar de goznes, estalló en la parte baja del edificio,  sacándome de mi profundo ensimismamiento.  

La luz de los fluorescentes de la biblioteca comenzó en ese instante a titilar hasta apagarse. La oscuridad se hizo casi por completo. Sólo una leve luz lechosa entraba por los ventanales y a través del cortinaje.

  Varios truenos, como jamás había oído, retumbaron en la sala tal que si el cielo se partiera en pedazos. Uno de los jóvenes que se hallaba en la mesa de al lado, se incorporó en la silla dispuesto a marcharse, pero volvió a sentarse de inmediato cuando, literalmente, estallaron las contraventanas.

 Una ráfaga de aire violentísima  recorrió la negrura de la biblioteca elevando las cortinas y haciendo volar de un lado a otro de la estancia los papeles de la mesa de la  bibliotecaria como gigantescas y espectrales mariposas.

  La bibliotecaria asustada pegó su cabeza sobre la mesa y se protegió la misma con las manos. Luego, tras una calma expectante que duró varios segundos comenzó a granizar. El grueso granizo, impulsado por el viento golpeaba la barandilla del balcón y penetraba en la biblioteca emitiendo un ruido sordo en el parquet.

La bibliotecaria se levantó entonces de su asiento,  y con gran esfuerzo logró cerrar el ventanal. Sin poder distinguir su rostro, mi compañera, acodada en la mesa se tapaba los oídos con las palmas de las manos. 

  La lluvia sustituyó al granizo y  la bibliotecaria cruzó la sala hasta el otro extremo y cerró el segundo  ventanal.

Poco a poco la tormenta fue amainando. Por fin, los fluorescentes  comenzaron a centellear, y unos más tardes que otros, se encendieron

 Cual no sería mi sorpresa cuando vi a la futura MDLN sentada en una extraña posición. Se hallaba rígida, con los brazos caídos a lo largo del cuerpo, los ojos cerrados, e inmóvil  como una estatua.

Asustado, rápidamente me levanté de la silla, bordeé la mesa y me acuclillé a su lado. Pronuncié su nombre varias veces sin recibir respuesta.

Me aterroricé. Toqué su brazo frío y agarrotado. Me erguí y miré a uno y otro lado buscando inútilmente la ayuda a la bibliotecaria. En aquel instante los tres jóvenes se acercaron a nosotros.

- ¿Qué ocurre? -  dijo uno de ellos

Sobrecogido, guardé silencio. Volví de nuevo a buscar  a la encargada de la biblioteca, cuando mi mirada se detuvo en el hombre  que impasible leía el periódico, sordo y ciego a lo que ocurría. Debía sobrepasar la cincuentena. Tenía el pelo gris e iba peinado con esmero. Trajeado. Parecía un hombre culto.

De pronto alzó la cabeza, miró a la  futura MDLN, y dirigiéndose a mi, dijo con enervante indiferencia:

- Esa chica está en estado catatónico.

E imperturbable pasó una nueva página y siguió leyendo su periódico. Juro por Dios que odié con toda mi alma la indolencia y falta de empatía de aquel hombre.

La adolescente y futura madre de la novia abrió al punto los ojos, y sin abandonar su rigidez, dijo:

- Sácame de aquí


                               LA NIÑA REGAN, BELCEBU, EL PADRE KARRAS       
                                            Y BRUCE LEE

Su voz sonó profunda. Tenía las cuencas hundidas y los ojos ladrillaban con intensidad. Luego, inopinadamente,  se asió a los laterales del asiento, se recostó sobre el respaldo y colocó los pies sobre el travesaño de la silla

Esta,  y ante la estupefacción de los allí presentes, empezó de pronto a moverse. Primero poco a poco, y más tarde, adquiriendo una velocidad impropia y circense, pues se balanceaba  justo hasta el extremo para no caer al suelo, bien de espaldas, bien de bruces sobre la mesa

- ¿Cómo demonios hace eso? – dijo el joven de camisa a rayas

Traté de averiguarlo, pero no observé signo alguno en su cuerpo que indicara que era ella quien producía el impulso. Sus pies no tocaban el suelo, y su espalda se hallaba literalmente pegada al respaldo del asiento.

 Su torso envirotado parecía atado y bien atado a la silla, como si su cuerpo formara parte misma. Cómo lograba aquel efecto, no lo sé; y después de haber pensado en ello durante mucho tiempo, jamás me he podido dar  una explicación mínimamente convincente.

La bibliotecaria  atraída por el ruido se acercó corriendo a nosotros
- ¿Qué pasa? – preguntó
- No… lo sé – dije
- Ayúdame – me dijo
La bibliotecaria entonces se colocó detrás de la silla y yo desde uno de los costados aunamos nuestras fuerzas hasta detenerla.

- ¿Te encuentras bien? – dijo luego. Y al inclinarse sobre ella y ver su rostro descompuesto, iba a añadir algo, pero el viejo del periódico, exclamó con la misma y despreciable indiferencia:
Esquizofrenia. – y como un oráculo de lo incuestionable, agregó -: Esa joven es esquizofrénica

La MDLN giró al punto lentamente la cabeza. Tenía el rostro  exsánime y sin expresión.  Clavó sus ojos ahora violáceos en el hombre,  como si deseara fulminarlo, guardó unos segundos de silencio,  y dijo con toda la rabia del mundo:

- Viejo apóstata.  ¡Hijoputa!

Era la primera vez que oía a la futura madre de la novia  insultar gravemente a una persona mayor. Mi sorpresa, lógicamente, fue mayúscula. Ya no tan sólo por el improperio en sí mismo, sino por el grave tono con que lo pronunciara

- Vigilarla. – dijo la bibliotecaria -  El teléfono no funciona. Voy a avisar a alguien.
- No tarde - dije

Una vez que la bibliotecaria desapareció, oí que uno de los jóvenes decía, como para sí:

- Yo llamaría a un sacerdote.

Luego se estableció un largo silencio. Me acuclillé de nuevo a su lado y rogué que la ayuda no llegara demasiado tarde.

- ¿Qué significa apóstata? –dijo otro de los jóvenes. Estos se hallaban detrás de mi.

De la calle llegaban lejanos ecos, como si ésta, la calle, fuera un mundo paralelo, inalcanzable e irreal

- Debe ser una palabra extranjera.  ¿Sabe extranjero?- me preguntó

No contesté. Estaba aterrado sin saber qué hacer. Cada segundo desde que marchara la bibliotecaria era una eternidad

- Está poseída  - dijo uno de los jóvenes hablando entre ellos
- Deberíamos asegurarnos

Ni siquiera podía racionalizar las palabras de los jóvenes. Lejos de censurarles sus disparates, los agradecía: empujaban el tiempo. El joven de menor edad  se sentó entonces frente a la futura MDLN. Cruzó los dedos de las manos sobre la mesa e impostando la voz, dijo:
- ¿Hay alguien dentro de ti?
- …
- ¿Es el capitán Howdy?
- …
El joven de nariz aguileña murmuró algo al oído de su amigo.
- ¿Qué? Ah, sí.  ¿Cuál es el nombre de soltera de mi madre?
- ¿Queréis dejarla en paz? Idiotas. – salté. El joven de la camisa a rayas se levantó de la silla y desapareció -  ¿Te encuentras mejor? – la pregunté a la futura MDLN -  Aguanta un poquito más. La bibliotecaria no tardará en llegar.

Al poco el joven de camisa a rayas volvió a aparecer. Se colocó frente a mí, al otro lado de silla en la que la enferma estaba sentada. Había descolgado el crucifijo de la pared.

- ¡Satán, espíritu inmundo! – declamó de pronto  alzando el crucifijo
- ¡Pero qué haces! –dijo  su amigo quitándoselo de las manos – ¿Es que no te acuerdas de lo que hacen las endemoniadas con los crucifijos, o qué?
- Es verdad. ¡Madre mía! – dijo, al tiempo que  marchaba de nuevo
- Quiero irme – dijo la madre de la novia.
- Creo que lo mejor es esperar. Necesitas que alguien te vea. - contesté

Pero el joven fatigoso de camisa a rayas volvió a hacerse presente. Esta vez en lugar del crucifijo portaba el retrato de Franco.

- ¡Belcebú! ¡Belcebú! – gritó vehemente -  ¡Escucha! -  Mira la imagen de nuestro  generalísimo Francisco Franco. Salvador de la patria para gloria infinita de Dios.  Pesadilla de rojos, ateos y herejes. Centinela de occidente.  Fundador del Nacionalcatolicismo. ¡Oh Franco!, salva a tu sierva
- Oye…, ¿por qué no imitas la voz de Franco? – dijo su amigo
 ¡Calla, hostias!- dijo éste. Y prosiguió -: ¡Tiembla ante él, Becebú! Príncipe de todos los asesinos. ¡Viejo hereje! ¡Carroña! Puerco degenerado.  ¡Lechón!
- ¿Lechón? – dijo el amigo sorprendido - ¿Llamas lechón a Belcebú?
- Sí, qué pasa. ¡Yo te conjuro! ¡Huye espíritu hostil! – y el joven calló, como haciendo memoria -  Ah, sí- dijo - ¡Vade retro me, Satanás! –  y volvió a callar, luego dijo mirando a uno de sus amigos - : Oye, me ha quedado bien eso de Vade retro me, ¿verdad?
- Uy, la mar de bien, sí

De pronto, lentamente, la futura madre de la novia, ayudándose en la mesa, se incorporó de la silla. El joven al verla, quedó petrificado. Ella dio dos pasos hacia él  y le miró con intensidad

- ¿Padre Karras? - dijo

El joven,  paralizado, atónito como todos los que presenciábamos la escena, dejó caer la foto de Franco. Ella, entonces, giró su cuerpo y… ¡zas!, le arreó tal patada en la entrepierna, que me pareció ver las amígdalas del improvisado exorcista.

El joven dobló su cuerpo por el dolor. Cuando volvió a enderezarse, craso error, la que en ese momento pasaba por la niña Regan Teresa MacNeil, alias Bruce Lee, alzó de nuevo la pierna, y… ¡zas! ¡zas! y ¡zas!
Y, oh milagro, sin truco ni cartón, el joven, durante largas décimas de segundo,  levitó.


                                      EL CLUB, UN TRINARANJUS
                                                Y
                                        LOS ROLLING STONE

- Sácame de este lugar – dijo ella con voz  implorante
- Creo que…
- Quiero irme, por favor.
Parecía a punto de desmayarse.
- ¿Crees que puedes andar? – repuse
- Sí

Hubiera querido pasar su brazo por mis hombros y rodearla por la cintura como a un herido de guerra, pero no me atreví. Ella me ofreció entonces su mano

Apenas nos habíamos girado cuando oímos de nuevo la voz del viejo del periódico. Habló con la misma indiferencia irritante

- No deberíais marchar. -  dijo dirigiéndose a mi - Está enferma. Es posible que gravemente  – e indolente mojó con la lengua la yema de su dedo medio, pasó una nueva página del periódico y reanudó una vez más su lectura.

Desde la primera vez que aquel hombre se dirigió a nosotros, su pasividad me pareció indignante. Sin embargo dudé de que no tuviera razón. Por su tono de voz y aspecto pulcro parecía saber de lo que hablaba.

- Por favor – musitó ella
Lentamente salimos de la biblioteca y  bajamos las escaleras.
Su mano ardía
Fuera, el aire ahora era húmedo por la lluvia caída, y del pavimento, antes candente se elevaba un leve vaho.
- ¿Estás bien? – dije
- Sí.

Después de lo sucedido me sentí en la obligación de preguntarle si quería que la acompañase a su casa.
Era lo correcto.
- ¿Quieres que nos tomemos algo en Club? – dije saltándome la corrección

Ella asintió de nuevo con un leve movimiento de cabeza. Me alegré.
- ¿Puedes seguir sola o quieres…?
- Sí, ya estoy mejor. – dijo retirándome la mano

Cruzamos la calle. Por suerte, ella parecía restablecerse a cada paso que dábamos.

El Club era una sala de fiesta que abría los días festivos. El resto de la semana sólo el bar que daba paso a la discoteca se hallaba abierto. Sus asiduos estaban formados principalmente por adolescentes como nosotros. Debido a las vacaciones los parroquianos no eran muy numerosos. Por indicación suya nos sentamos en una mesa del fondo del local.
- ¿Quieres tomar algo?
- Un Trinaranjus - dijo

Me levanté y fui hacia la barra. Alguien introdujo una moneda en la máquina de música y empezó a sonar La reina bruja de Nueva Orleans.

Mientras esperaba la bebida no dejaba de hacerme preguntas. Algunas absurdas y otras inquietantes.  Palabras como esquizofrenia, epilepsia, paranoia, hijoputa y locura aparecían y desaparecían en mi cabeza como peligrosos satélites desorbitados.

 No hacía mucho tiempo que nos habíamos conocido en los pasillos del instituto, entre clase y clase de nocturno. A los quince años es muy difícil distinguir entre amor y arrebato. Pero algo me decía, o mejor dicho, me hacía sentir que aquella adolescente extrovertida, parlanchina y desbordante era la futura madre de la novia.

En cualquier caso, y evitando los tópicos, en aquel momento, lo que sentía era muy claro y simple: sencillamente me sentía el adolescente más desgraciado del mundo. Y no. No me haría más preguntas. Tampoco a ella. Nada de preguntas.  Tal vez más adelante. Si, tal vez … 

El camarero me devolvió el cambio. Volví a la mesa con su bebida, una tónica y dos vasos largos con hielo. Serví  los refrescos en silencio y comencé a girar mi vaso entre las manos observando las burbujas de la tónica. Por fin me atreví a mirarla Su rostro, por fortuna, había vuelto a su espléndido color natural. Sus ojos brillaban ahora con intensidad y sus labios tornaron a su frescura y sonrosada tonalidad de siempre.

- Te encuentras mejor – dije
- Un poco cansada, pero mucho mejor.

La música de Pink Floid sustituyó a Redbone.

- Te he asustado, ¿verdad? – dijo ella
- No… - contesté sin mucha convicción.

Parecía a punto de llorar.

- Estoy avergonzada – dijo. Luego respiró profundamente y añadió -: No sé qué pensarás de mi, tú y los demás también, después de lo que ha sucedido en la biblioteca.
- Nada – dije
Pensar…, - pensé-  yo y los demás. Yo, nada. Yo no quería pensar, y no pensaría nada. Los demás… Si padecía aquella enfermedad terrible que dijo el viejo del periódico, estaba seguro que amigos y familiares me aconsejarían que abandonaran aquella relación.

Pero… ¿cómo? ¿También me lo dirían los demás? ¿Me dirían cómo abandonar a alguien en la cual se piensa casi obsesivamente día y noche? ¿Me dirían cómo abandonar a alguien, cuya ausencia, aún sólo siendo de horas, uno envidia incluso a las personas que simplemente se cruzan con ella en la calle? Ellos, los demás, ¿me lo dirían?

Todo se olvida. Sí. Eso me dirían. Todo se olvida. Pero…¿y si yo…no lograba olvidarla? ¿Y si yo fuera la excepción? ¿Qué dirían entonces los demás? ¿Lo siento?

Bebí un largo trago de tónica y me recriminé mi actitud. Aquel silencio oneroso y agotador que mantenía. Debía decir algo. Todos, o casi todo el mundo, me tiene por un tipo introvertido,  algo cáustico a veces, bien es verdad, pero ocurrente. Por lo tanto, eso no debería ser un gran impedimento para mí

Al punto, los mismísimos Rolling Stones acudieron  en mi ayuda. En el bar sonaron los primeros  acordes de Angie. 

- Te preguntarás qué me ha pasado - dijo.
A la adolescente y futura madre de la novia se le inundaron los ojos de lágrimas.
- ¿Te gusta esta canción? Es estupenda, ¿verdad?- dije
- Pensarás que estoy loca
- Bueno… no a todos nos tienen que gustar las mismas canciones
- Sí, la canción me gusta mucho. Pero no me refería a eso.
- Sé a lo que te refieres.
- ¿Ah, sí? – dilo ella
- Sí. Te horrorizan las tormentas. 
- No
- ¿Sabes?, - argumenté -  mi madre en los días de tormenta se encierra en su dormitorio, y a oscuras, reza una y otra vez el rosario hasta que escampa.
- Pero yo…
- Tú... – la interrumpí – tú en vez de rezar a oscuras, le arreas un par de patadas en los testículos a cualquier impertinente que se te cruce. Más o menos es lo mismo
- No, no es lo mismo – dijo apuntando una leve sonrisa  ´- Pobre chico. Pero necesito que sepas algo sobre mí. Es algo que debes saber
- No creo que sea el momento- dije- Me lo puedes decir mañana, o la semana que viene, o el mes…
- No, necesito decírtelo ahora

Apenas me quedaba tónica en el vaso. Removí los cubitos de hielo y agoté el último sorbo. Luego, para rebajar la tensión me concentré en la voz atiplada de Mick Jagger.

- ¿Cuánto tiempo hemos estado en la biblioteca? – preguntó. No hubiera podido hacer el cálculo con la prontitud que se me requería. Por suerte, ella se me adelantó - : Casi tres horas
- Sí- dije en un murmullo
- En silencio… - dijo haciendo una pausa transitoria, como si yo debiera llegar a una conclusión
- En silencio… - repetí. Me removí en el asiento. - ¿Y? – agregué aventurándome a parecer estúpido
- ¡Sin hablar! - dijo, enfatizando las palabras.
- Sin hablar… - volví a repetir como un autómata
- Sí – dijo ella -  Ha sido inaguantable

Ambos callamos. Ella me miró ávida esperando una reacción que no llegó

- Ha sido horrible. – dijo ante mi colapso mental.
Por fin, me atreví a decir inseguro de haber entendido sus palabras:
- ¿Quieres decir que… todo lo sucedido en la biblioteca se debe a que no has podido hablar durante tres horas?
- Sí. – dijo- ¿No te ha parecido insoportable?
- Pues… -  empecé a decir entre aliviado y perplejo.

Con infinita satisfacción,  la adolescente y futura madre de la novia apoyó de pronto su frente en mi hombro

- Dios mío- dijo – Eres una rata de biblioteca.
- ¿Yo?
- Sí, tú. Una enorme rata de biblioteca

Retiré suavemente mi hombro, como ofendido

- ¿Sabes que me has dado un susto de muerte? – dije

Ella parecía repuesta

- La verdad es que he exagerado un poquito el ataque de ansiedad… Lo siento
- Veo que eres una gran actriz – dije a modo de reproche
¿Te has enfadado?
- No. Estoy decepcionado. Ni padeces síndromes catatónicos, ni estás poseída por el gran Belcebú, y ni  siquiera eres esquizofrénica. Me había hecho ilusiones

Ella rió.

- ¿Nos vamos? – dijo.

El club, sin darnos cuenta se había abarrotado de clientes. Nos levantamos y salimos. Fuera empezaba el largo crepúsculo veraniego.

- Oye…
- ¿Sí?
- ¿Ni siquiera eres maniaco-depresiva?
- No
- ¿Ni un poquito?







domingo, 29 de septiembre de 2013

Holaaaaaaaaaaa. Soy la madre de la novia, ¿me recordáis?. Contaros que la BODA, fue un exitazo. El tema era el cine, pues salio de Oscar. Los novios se curraron hasta el último detalle. El catering del Bubo de Barcelona fue exquisito. La decoración floral, que era mi cometido. Que os voy a contar, me quedo divina, sin modestia ni pamplinas. El templete, glorieta o como se quiera llamar que cree para la ceremonia me quedo divino de la muerte. Eso si, la boda era a las 7 de la tarde y a las 3,30 estaba acabándolo de montar, con un sol de justicia y un calor que no había hecho en todo el mes. Todo esto claro esta, es mi opinión. Los novios no podían estar más guapos y radiantes de felicidad. Se consiguió un ambiente verdaderamente divertido, emotivo y feliz. Los novios contrataron a un DJ que es genial como persona y como DJ. Las chicas que eligieron para entretener a los niños, consiguieron que los niños dejasen a sus padres disfrutar de la boda y que a su vez ellos se lo pasasen estupendamente. También hicieron un trabajo maravilloso la pareja que se cuido de los detalles extras. Hubo recuerdos y detalles para las abuelas, las ausentes “por desgracia” y las presentes. El brindis final fue apoteosico y colorido. Las copas se encendian cuando se llenaban con el cava y quedo verdaderamente bonito y la gente quedo muy sorprendida. A los padres nos concedieron un oscar. Me sentí como una verdadera estrella de Holliwood.. Y como colofón a las dos mamas nos regalaron un día de relax en un Hotel de lujo con comida, masaje y spa. Cosa que les agradecemos mucho, pues en ocasiones, tanto la una como la otra, nos hemos pasado un poco con nuestras ganas de imponer nuestras ídeas. "pero no teniamos malas intenciones".¡ Cosas de madres¡. Gracias al buen rollo que tenemos mi consuegra y yo, y después de cuatro tardes de ensayo. Conseguimos bailar y cantar la canción de la reina del baile de Mama mia. Y después se nos añadieron muchos invitados más. Realmente no se como nos salio. Era una sorpresa para los novios. Pero no se porque razón no tengo mucho recuerdo de ello, que conste que no bebí mucho. Yo personalmente me lo pase como nunca y baile hasta el final, cambiándome tres veces de zapatos y acabando descalza. Con eso lo digo todo. La lastima es lo deprisa que pasa. Te quedas con la sensación de que no has disfrutado de todos los detalles y que esperas a ver el reportaje grafico, para poder darte cuenta de cualquier cosa que se te pudo escapar. Después de ese día maravilloso y acabado el trabajo. Esta semana he sufrido un bajón físico y psíquico. A mi el relajarme me sienta fatal. Ahora tengo que conseguir eso que titula mi blog, estar sana y no morir en el intento. Se me olvidaba. Yo me reía de mi consuegra porque ella llora por todo. Por tristeza, por felicidad, y yo no suelo hacerlo y tenia un pelo (como de complejo) . Os pongo un ejemplo. Cuando los niños nos comunicaron que se casaban, ella se pego una paliza a llorar. Yo por mi parte me limite a alegrarme, pues después de tres años de vivir juntos era algo esperable o no?. Pues bien a mi diferente comportamiento mi hija le dio la interpretación de que yo no me emocionaba tanto como ella. Pues bien. El día de la boda y nada más ver entrar a mi hija del brazo de su padre, me entro una llantina con una congoja, que no podía controlar. Pero estaban tan guapísimos los dos y la música era tan bonita, que descargue toda mi emoción y la presión acumulada. Por ultimo, la madre de la novia después de chapa y pintura y el vestido precioso, consiguió estar perfecta para la ocasión. Tratare de poner alguna foto, pero ahora no puedo. Os lo debo. Un gran abrazote.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Buenos días. Que nadie se preocupe. No he sido abducida por ningún extraterrestre. Tampoco me he levantado un día con el "don" de la buena escritura. Nada de todo eso. Se me ha metido un intruso. Este es....... él Padre de la Novia. Me imagino que mis miles y miles de seguidores, se habran quedado muertos con el cambio. Una puntualización, estoy escribiendo "a pelo" osease sin corrector. Eso quiere decir que si con el corrector no lo hago bien, hoy puede ser mortal. Pero es que no podía esperar para contestar a tan denso y profundo relato. Que, como cuando me escríbia las cartas desde la mili, no he entendido nada. Yo recuerdo el momento en el que recibia las cartas desde Ceuta. Me emocionaba el abrirla y leerlas. Pero tenia un pequeño-gran problema. Eran tan profundas que no llegaba a entender que es lo que me quería transmitir, yo lo unico que queria leer era..... TE QUIERO. y claro al final lo ponia, con lo cual yo conseguia mi proposito. Si lo se. Pensareís que como dos personas tan diferentes llevan juntas tantos años. Pues muy facíl...... Soy GENIAL y una GRAN GRAN PERSONA, jajajaja. (No tengo abuelas). Me esta amenazando con seguir en su intrusión. Pues dice que tiene mucho que contar. También pone en su escrito, que no personalizo demasiado.¡ alma de cantaro¡. Cuando me decida a escribir mis maravillosas memorias, en ese momento desnudare mi alma. Pero ahora no me gustaría molestar a nadíe. Por ello lo que escribo es un anecdotario de mi vida. Dicho esto y bajo la amenaza de seguir compartiendo blog, con todos esos geniales escritores que el nombra y que yo conozco de pasada. Me despido con un gran abrazo.

martes, 27 de agosto de 2013

El padre de la novia P.D.L.N


Si el tiempo, la pereza y mis famélicas musas me lo permiten…
  • Y la MDLN (Madre De La Novia) ¿No cree usted?
Sí, señor, y la MDLN, que para eso es la creadora de este blog. Me gustaría contestar o colaborar en el mismo.
  • Usted verá. Mientras no se meta en líos…
  • ¡No, hombre, no!
  • Recuerde que es usted el PDLN (Padre De La Novia). Que las dudas, enmiendas, emulaciones y porfías con la señora de uno nunca son buenas. Yo que usted inspeccionaría el sofá de su salón, y si por pequeño o destartalado no fuera del todo cómodo, pensaría en mercarme uno nuevo y confortable.
  • ¡No sea usted retorcido y pájaro de mal agüero, hombre!
  • Pues yo creo que lo de usted son ganas de meterse en líos de once varas. No nos engañemos, y no quisiera ofenderle, pero, en cuestión de tacto y sensibilidad femenina no es usted un adalid, ni un Lord Byron, ni un Hoffmann, ni un…
  • ¿Y un Pedro Salinas?
  • ¡Ca! Tampoco
  • ¡Vaya por Dios!
  • Que usted, amigo mío, cuando se pone a escribir, se apasiona y pierde el norte con facilidad. Las palabras, recuerde, cuando se hallan escritas y no dichas, y por consiguiente fuera de la pronta corrección, están llenas de interpretaciones a cual peor intencionada. Advertido queda. A todo esto, no ha explicado los motivos por los que ahora, después de tanto tiempo desea colaborar con asiduidad en el blog de su señora esposa, MDLN
  • He llegado a la conclusión de que puede ser divertido.
  • ¿Y sólo eso?
  • Creo que fue Unamuno quien dijo que escribir era una forma de conocerse a sí mismo.
  • ¿Está usted seguro que fue Unamuno quien dijo eso?
  • No. Tal vez fuera el Dalái Lama. ¡Qué más da! Y por consiguiente y derivación, leer puede ser una forma de conocer a los demás.
  • Claro, claro…
  • Fíjese que en su último escrito, la MDLN, después de lamentar su ausencia del blog, dice estar tranquila en la seguridad de que nadie ha necesitado ayuda psicológica por dicha ausencia. Refiriéndose, claro está, a sus seguidores, que por lo que he podido averiguar suman entre cinco y seis, lector arriba, lector abajo. La pregunta que a uno le asalta, lógicamente es: ¿Es mi mujer, aparte de ser la MDLN, psicóloga? He aquí pues, el contundente ejemplo de lo que decía: yo no sabía que ella practicara la psicología hasta que lo he leído en el blog. ¿Se percata usted de la importancia que tiene saber después de tantos años juntos que la mujer de uno es psicóloga?
  • Me percato, ¡Vaya si me percato! Claro que, conociendo su sagacidad, me extraña que no se haya preguntado por la catadura mental de esas cinco o seis personas que la siguen en el blog.
  • Ah, pues no. No me lo he cuestionado. No, no; no señor. Ni ocurrírseme. Qué va. ¡Dios me libre!
  • Ya.
  • Otras de las razones que me llevan también a colaborar y a leer atentamente “Cómo estar sano y no morir en el intento” es que éste puede servirme de oráculo
  • ¡Caray!
  • Tal cual le digo. Dice mi querida esposa textualmente en el sexto párrafo de su último escrito: “Sin olvidar (refiriéndose al tiempo) que el que me queda es para poner orden en casa”. Como es fácil deducir, al leer esto, el respingo que di en la silla en la que estaba sentado, ya lo quisiera dar la más entumecida y vital de las chotas. No era para menos, ¿verdad usted?
  • Si usted lo dice…
  • Mi casa, no es porque lo diga un servidor, pero es un prodigio de orden y limpieza. Sólo un elemento desordena o desequilibra, constante, sempiternamente la correcta disposición de las cosas en mi hogar: Yo.
  • Me lo temía. ¿Y qué va a hacer usted en ese tiempo en el que su mujer pone en orden el orden de su casa?
  • Desaparecer. He contratado un viaje low cost al Kalahari. Tengo entendido que allí no llegan las señales de móvil ni Internet. Y ya de paso me desintoxico de mi vieja adicción a la MasterCard
  • ¿Alguna razón más, aparte de las ya mencionadas, para colaborar en el blog de su esposa?
  • Pues sí, aún queda alguna más. La que yo llamaría la razón del matiz. Los escritos de la MDLN, son demasiado generalistas para mi personal gusto. Uno no se hace una idea exacta de los hechos narrados. Les faltan, matices, profundidad, pequeños detalles, sensoriales y descriptivos que los hagan más vívidos, cercanos, personales.
  • ¡Ay, amigo mío, que creo que está usted sufriendo un ataque agudo de purismo!
  • Confieso que llevo ya rato sintiendo los síntomas, sí.
Pero ya atacado, déjeme que retoce en la pedantería que he adquirido con gran esfuerzo y constancia en los mejores buscadores de Internet.
- Como usted quiera, pero sin ostentación, ¿eh?, sin ostentación


Para mejor ilustrar lo dicho me gustaría narrar una anécdota sobre la descripción literaria. Esta anécdota que repetitivamente se contaba, y aún se cuenta, en los más prestigiosos círculos literarios del mundo, y que tiene como protagonistas a Lev, o León Nikoláievich Tolstoi, y al también novelista y dramaturgo Ivan Serguéyevich Turgéniev, o Turguénev.
Ivan Serguéyevich Turguénev tuvo una infancia traumática. Huérfano de padre a los 16 años, quedó al cuidado de su única madre (para que luego digan que la naturaleza es sabia) Varvara Petrovna. Una mujer vil, despiadada y muy ominosa.
- ¿También ominosa?
¡Una víbora, amigo mío, una víbora! Daba tales zurras al pobre Ivancito que éste no necesitaba ni pelliza para pasar los fríos inviernos rusos.
- ¡Qué barbaridad!
No digo más que cuando Varvara Petrovna salía a la calle en su ciudad natal, Oriol, junto al río Oká, al sur de Moscú, la nieve se derretía a su paso y los vecinos se escondían es sus casas llenos de pavor.
  • ¡Hostias!
Las palizas, lógicamente, influyeron en su carácter taciturno y pusilánime.
  • No era para menos

Tullido a palos a manos de su madre, ¡Qué mala, Dios mío, qué mala!, el pobre Ivan Serguéyevich Turguénev primero se dio al rape, y por último cayó en el profundo y fatídico pozo del romanticismo, del que, lamentablemente, jamás salió.
  • Se veía venir
Había cumplido ya la mayoría de edad, cuando, un día, su madre, ¡Qué arpía!, se ausentó una semana, no se sabe bien por qué ocultos motivos. Como consecuencia, el joven Turguéniev sufrió un bloqueo literario debido al síndrome de abstinencia. Y se dijo: No puedo seguir así. Ya estoy harto de que mi mamenka (¡Va-de re-tro meeeee!) me tulla a palos. Me voy a Baden-Baden.
  • ¿Y se fue a Baden-Baden?
- Sí, sí
Volvió en varias ocasione a Rusia. En una de ellas, en San Petesburgo, conoció a Lev Tolstoi y a su esposa, la condesa Sofía Andreyevna Tolstaya. Hicieron una gran amistad, volviéndose a encontrar en varias ocasiones en distintas ciudades rusa y europeas. En la ocasión que nos ocupa, Turguéniev, decidió visitar a Tolstoi por primera vez en su finca de Yasnaya Polaina.
  • ¿Está usted seguro de la veracidad de esta…anécdota?
  • Palabra de Google.
Era un día de noviembre. Hacía tanto frío que Turguéniev pensó que debía helar el vodka como si de agua se tratara, y el viento, cortante e hiriente, silbaba cual quejido en los voladizos del tejado. Llamó a la puerta. Un miembro de la gleba de Yasnaya Polaina le recibió. Al abrir, una ráfaga de viento cuajado de copos penetró en el zaguán. El mujik miró incrédulo al visitante sin decir nada, como si se cerciorase de que no fuera una aparición traída por la tempestad. Turguéniev quedó absorto y admirado. Era la primera vez que veía al criado de Tolstoi, sin embargo, lo reconoció. Su cara, aunque habían pasado ya varios años, seguía fresca, bondadosa y sencilla en la que la barba, antes incipiente, era ahora tupida. Limpio y lozano mantenía sus dientes blancos e iguales de campesino, y el semblante alegre y espabilado. Turguéniev, observó luego sus manos vigorosas y aspiró el olor a brea de sus recias botas. Dijo:
  • ¿Gerasim?
Asombrado de que aquel hombre, que jamás había visto, supiera su nombre, el mujik acertó a decir:
  • Sí… ¿Qué desea?
  • ¿Está León Tolstoi?
  • Depende- dijo el siervo.
  • ¿Depende de qué?- repuso Turguéniev
  • De quién sea usted. ¿No será Fedor o Fiodor?
  • No, no señor...
Desde el interior de la casa se oyó una voz gutural, pero débil, que Turguéniev tardó en identificar como la del gran maestro
  • ¿Quién es, Gerasim?
  • No sé, amo- contestó el siervo.
  • Si es el existencialista epiléptico que se vaya con viento fresco.
  • No, amo, más parece un romántico.
Una voz crispada de mujer que parecía salir de todos los rincones de Yasnáia Polaina, y en la que Turguéniev reconoció a la mujer de Tolstoi, la condesa Sofía Andreyevna, dijo:
  • ¡Gerasim, como no cierres esa puerta y se me apague el infiernillo del samovar, te tundo a palos! ¡Juro por san Demetrio Rostov que te hinco de hinojos y te doy más palos que a una estera!
Gerasim no pareció asustarse. Por el contrario exhaló una leve sonrisa casi beatífica, como si no esperara menos de la condesa
  • Pase- dijo al novelista y dramaturgo, que sin tardar obedeció. Luego el mujik cerró la puerta y añadió: - ¿A quién anuncio?
  • A Ivan Serguéyevich Turguénev o Turguéniev
  • ¿Seguro que no es Fiodor o Fedor?
  • No, no…
  • Espere aquí un momento.
Gerasim camino pasillo adentro, llamó con los nudillos a una puerta y pasó sin esperar permiso. No tardó en salir. Mientras se acercaba a Turguéniev, observó que vestía pulcramente a la rusa, con mandil de cáñamo y limpia camisa de percal de mangas remangadas sobre sus fuertes brazos desnudos.
- El señor está acabando de reparar unas botas de cuero. Ahora es zapatero.- añadió el siervo al ver la cara de incredulidad de Turguéniev- No tardará en recibirle. Puede esperar en esta salita.
La salita no era muy grande. Sobriamente decorada poseía un ventanal que daba a la parte posterior de la casa, y desde donde podían verse las caballerizas.
Zapatero…- repitió para sí mismo Turguéniev - el inmortal creador de Ana karénina... Zapatero… “Amigo, vuelve a la literatura”. Se acercó luego al ventanal. El viento había aminorado su ímpetu, aunque el cielo aún seguía encapotado. Por el ventanal vio como el palafrenero entraba en una caballeriza, abrió una puerta cochera y sacó un caballo que condujo a través del patio. Turguéniev observó detenidamente al equino. Un irrefrenable deseo le impulsó a abrir el ventanal.
  • ¡Palafrenero! ¡Palafrenero!- gritó. El hombre se detuvo expectante con el caballo en medio del patio- Ese caballo que guía - siguió diciendo Turguéniev- ¿no se llamará por casualidad Kolstomier?
No, aquel caballo no podía ser Kolstomier.- pensó Turguéniev- kolstomier había muerto hacía mucho tiempo. El palafrenero escrutó a su interlocutor tratando inútilmente de reconocerlo. Por fin, dijo:
  • Sí, señor, se llama Kolstomier en honor a su padre. Son idénticos.
Turguéniev sonrió satisfecho. Cerró el ventanal, se sentó en una silla de la salita, y mentalmente recitó el pasaje de Historia de un caballo.

“Hay vejeces de muchas clases: la vejez majestuosa, la vejez horrible, la vejez que nos inspira compasión; y hay otra que participa de la primera y de la última: la vejez majestuosa que nos inspira lástima.

A ésta pertenecía la de nuestro viejo caballo pío.

Era de mucha alzada; su pelo había sido negro en sus tiempos, pero las manchas negras se habían quedado ya de un color oscuro sucio…”

  • Y ésta es brevemente, amigo mío, la anécdota que deseaba contarle.
  • Creo que usted no tiene la menor noción de lo que significa brevedad.
  • Oh, sí, créame que podría haber continuado escribiendo.
  • Le creo. Cómo no creer a un fanático del Cuento de la Buena Pipa.
  • De hecho lo haré en los próximos días. Tolstoi es uno de mis escritores favoritos.
  • Como desee. No seré yo quien se lo prohíba. Buenas tardes y hasta otra, pues