jueves, 10 de julio de 2014

Muy buenas.
Habiéndome desechó de "la mosca Mojonera" qué invadía mi blog ahora puedo volver a ser yo.
Y cómo todo, nada es tan bueno. Pues me he quedado sin ordenador y en la tableta, no veo lo que escribo.
Pero puedo prometer y prometo, que volveré a escribir y con ello competir, con el blogs de mi querido esposo " zapato y cordón"
Una aclaración para que nadie se lleve a engaño de  mis dotes literarias. La pierda del corrector, no me deja escribir bien
No se si se ha Publicado lo escrito anteriormente, per las palabras erróneas son: cojonera mierda. Lo dejo y seguirécuando encuentre otro ordenador. Un beso a todos.

domingo, 8 de junio de 2014

                                                         EL ARCE


En mis continuos viajes a oriente por cuestiones de trabajo,  conocí en Japón a un cultivador  de bonsáis.

Era un hombre culto y refinado en extremo.  Bendecido con la paz espiritual que emanan los grandes hombres y exquisito en el trato.

Rápidamente nos hicimos amigos unidos por  nuestro mutuo amor hacia la naturaleza, e interés por la cultura  e historia de nuestros respectivos países. A tal punto, que no pocas fueron las veces que me hospedé en su casa cuando visitaba su populosa ciudad, y donde, sentados en tatamis de paja, en su salón y tras la cena, entablábamos  largas conversaciones que sólo el sueño interrumpía.

 Me contó el origen de su heredada afición a los bonsái,  y decenas de anécdotas y curiosidades sobre los mismos. Llenas de mitos y secretismos, al ser éste un arte cultivado por emperadores, nobles y samuráis. Así mismo me obsequió aleccionándome   sobre las principales técnicas de su cultivo. Tegnicas basadas primordialmente en el conocimiento botánico, estudiada delineación y sobre todo, sentido común.

Por las mismas cuestiones laborables, dejé de visitar Oriente. En la última ocasión, y tras el ritual de despedida,  mi amigo me regaló como recuerdo uno de sus valiosísimos árboles de bandeja. Era un arce. El cual prometí cuidar con abnegada dedicación según sus enseñanzas.

  Un día, pasados muchos años,  recibí una carta suya diciéndome que venía a Europa y  que le gustaría visitarme. Encantado, y en su honor, compré las mejores viandas y  engalané el magnífico  jardín que rodea mi casa.

Cuando llegó, después de descansar, comimos, hablamos,  y ya en el estupor de los postres y bebidas, mi amigo me preguntó por el bonsái que años atrás me regaló.

Complacido, le invité a levantarse de la mesa y le conduje hasta la terraza desde donde se divisa el valle en el que se asienta mi ciudad. Por ser otoño, y ya media tarde, cuando el sol empieza a debilitarse, el cielo presentaba un color dorado Después de admirar el magnífico panorama, bajó su mirada, y observó con detalle el majestuoso  arce rojo que presidía el jardín, que parecía fruto resplandeciente de aquel cielo otoñal.


Recuerdo que mi amigo me miró y sin decir nada, giró levemente la cabeza. Asentí: Sí, ese es tu árbol, vine a decir. Sin mediar palabra, mi amigo bajó por las escaleras que conducían al patio. Yo le observé desde lo alto. Se sentó entonces en uno de los bancos y contempló la majestuosa planta durante largo rato.

Al cabo se levantó y se acercó a  él. Lo palpó como si acariciara a un animal querido. Se abrazó literalmente a él y miró hacia su copa. Luego, sonriéndome echo un vistazo al jardín como si buscara algo.

Le devolví la sonrisa, y al fin mi amigo pareció encontrar lo que buscaba: una soga.

 La cogió. Se acercó al  arce rojo, y pasándola por entre unas de sus ramas, subió al mismo con agilidad impropia de su edad. Una vez arriba, se sentó en una de las principales cepas y  siguió contemplando su follaje mientras  distraídamente jugaba con la soga entres sus manos.

En un momento se incorporó sobre la rama y me reiteró su misteriosa mirada.

 Lo que ocurrió después sucedió tan rápido, que ni tiempo tuve de sufrir el menor presentimiento, pues  de pronto, mi amigo, con la soga atada a su cuello,  se lanzó al vacío.




martes, 11 de marzo de 2014

fin 2



                              CAPITULO V
                             Segunda parte
                                        
                         TODO ES TIEMPO


Sin poder desviar la mirada de ella, la MDLN trató entonces de manipular el peligroso cutter. Tras varios torpes intentos, la afilada cuchilla retráctil salió violentamente del mango en toda su longitud emitiendo un ruido espeluznante que hubiera acojonado al mismísimo Harry El Sucio.

Chispa, despavorida, tal que hubiera oído  el chupinazo de las fiestas de San Fermín, se arrancó a correr hacia mí, dio un brinco, y se encaramó a mis brazos. (Lo que demuestra que la serie Scooby-Doo estaba basada en hechos reales)

 Pero los malos agüeros no sólo el hombre y los perros son  capaces de preverlos. Con la cuchilla del cutter emitiendo destellos al sol,  bandadas de pájaros salieron atemorizadas de los árboles del parque, seguidos de pequeñas nubes de moscas, abejas, avispas y hasta de los  mismísimos pulgones que plagaban las plantas del patio.

Chicharras, grillos y demás coyuyos callaron al unísono. Allí los tres, la MDLN, Chispa en mis brazos, y yo mismo, en expectante silencio nos miramos unos a otros con la misma desconfianza que El Bueno, el feo y el malo en el duelo final de la película del mismo nombre. (Hoy estoy cinematográfico)

 La tensión hubiera podido cortarse y nunca mejor dicho. Bajé a Chispa al suelo, que no tardó en resguardarse detrás de mí. Dije con voz almibarada:

-         Cariño, amor, vida mía, escúchame antes de utilizar ese peligroso cutter. Antes de abrir el monolito, qué mejor que recordar juntos los inmortales versos de  Neruda. ¿Recuerdas?: …si nada nos salva de la muerte, por lo menos que el amor nos salve la vida. O al menos, seamos precavidos: llamemos antes a una unidad de urgencias. Amor, escucha, siento que podría amarte hasta que se me acabe la vida, o hasta que quieras quitármela, pero…, espera, te lo imploro, aguarda, el miércoles hay Champion . – seguí diciendo lo primero que me venía a la cabeza para entretenerla -  Te amo, no sólo por lo que eres, sino por lo que soy cuando estoy contigo. Renuncia  a  utilizar ese cutter y busquemos juntos  el abrefácil. No hagamos realidad aquel verso: Porque el amor cuando no muere, mata. By Joaquín Sabina. No es verdad, no es verdad…
-         Calla y no seas tonto - me interrumpió – No te preocupes, tendré cuidado

Y entonces la MDLN se acercó al obelisco-caja de los  Brothers and His Mother. Chispa, volviendo a interpretar a Scooby-Doo, dio un salto y se encaramó a mi espalda, como a caballito.

 Con sumo cuidado, la MDLN comenzó a abrir la enorme caja. Era como si el Woody Allen de la película El Seductor se hubiera enrolado en la brigada antiexplosivos y viéramos como manipulaba una bomba.

Pero el destino, cuando mejor lo tenía para justificar una desgracia, perdonó a mi esposa y limpiamente, ésta, sin percance que reseñar, abrió la caja.

- ¿Lo ves? Ha sido muy fácil – dijo mirándome con la misma satisfacción que el niño que apenas sabe andar  y mira a su madre sonriendo después de trastabillar sin caer al suelo.

Agradecido di gracias a todos los dioses conocidos (especialmente a Manitu, por el cual siento un cariño especial desde la niñez). No había habido sangre, y la piscina parecía intacta.

Lo peor  había pasado.

 Algunos pájaros volvieron. Las chicharras empezaron a cantar de nuevo y note por el movimiento de las hojas que los pulgones habían vuelto.

 Chispa se bajó de mi espalda y quedó mirándonos desde la puerta

-         Ahora sólo tenemos que extenderla - dijo ella.

Sacamos por completo la piscina de la caja

-         Es enorme - dije

Sería la una de la tarde. El sol caía plúmbico y sudábamos como los condenados de la Leyenda del indomable. Teníamos ya desplegada toda la piscina. Obviamente demasiado grande para el patio
-         ¿Tomamos un refresco? – dijo ella
-         Buena idea. - asentí

La MDLN, que se hallaba al otro lado del patio, comenzó a pisar  por encima del PVC de la piscina hacia la cocina, cuando de pronto oímos un clic, seguido de un ruido sibilante. La MDLN se detuvo
-         ¿Qué es ese Shsssssss?- dijo
-         No lo sé.

Miramos a nuestro alrededor pero no localizamos
su procedencia. Éste era sordo pero constante.

-         No debe ser nada.- dijo ella

Levantó entonces un pie para seguir caminando cuando el zumbido del aire se aceleró hasta convertirse en un ruido amenazador.

Al parecer, mi mujer, sin querer, había pisado el dispositivo de hinchado automático poniéndolo en marcha a su máxima velocidad, y  ésta empezó a inflarse con una rapidez  extraordinaria y que no me hubiera extrañado que en el barrio  creara un vacío.

Por lo que hallándome en ese momento en una esquina de la pared frontal, asustado, traté de ponerme a buen recaudo, pero al tratar de salir de allí, tropecé en una de las macetas, caí al suelo y sin remisión, me vi sentado en el mismo sin poderme mover, empotrado por la piscina.


Para que se hagan una idea de lo que ocurrió, una piscina olímpica mide cincuenta metros  de largo y nuestro patio como ya dije, seis.

Sobraba pues piscina por todos lados. Ésta, por hallarse longitudinalmente encarada al edificio, al hincharse, uno de los extremos subió por la fuerza del aire hasta el segundo piso, y el otro, formando una V desbordó la pared del patio que da a la calle.

 Los vecinos del edificio salieron a sus respectivas galerías para comprobar qué ocurría, y en la calle no tardó en juntarse  una reata de niños y padres. ¡Mirad! – oí que exclamaban -  ¡Qué es aquello! ¡Vamos para allá! ¡Sí, vamos, vamos!

Pero la voz que yo deseaba oír era la de mi mujer. No duró mucho mi inquietud. Con alivio oí:
-         ¿Estás bien, cariño?
No pude contestar. Tenía la cara aplastada. Mi rostro debía ser  el mismo que Picasso plasmara en su “Cabeza de Arlequín”. Para liberar mi voz retiré ligeramente y gran esfuerzo la barbilla del PVC. Dije:

-         No.
-         ¿Qué?
-         Que no…- traté de gritar,  pero la voz me salió hueca y sin fuerza. Dudé si me habría oído

-         ¿Quieres que haga algo? – dijo mi mujer
-         ¡Señora- escuché que  el vecino del tercero decía desde el balcón- creo que a su marido le ha trincado la piscina contra la pared!

Apenas podía respirar. Era como tener un caimán dentro de mis pulmones que me devoraba los alvéolos de mis bronquiolos (?)
.
-         Cariño- volvió a decir mi mujer- yo creo que lo mejor será pincharla. ¿No crees?
-         Sí- dijo la vecina del cuarto- yo creo que va a ser lo mejor
-         ¡Sí…!´- dije con gran esfuerzo y dolor, pero me iba la vida en ello.
-         ¿Sí? Bueno, tú sabrás, pero si la pincho no nos devolverán el dinero en Carrefour…

Dicen que a los que están apunto de morir les pasa toda su vida por la mente en cuestión de segundos. No es cierto, puedo corroborarlo.

 En mi caso, la vida que pasó por mi mente fue la de mi mujer.

-         Ahora vengo. Aguanta cariño – acabó diciendo

Me faltaba el aliento y las fuerzas. A punto del desmayo, traté de mantenerme consciente desviando el pensamiento de mi propia agonía. Afuera, alguien dijo:

- Es una piscina gigante o un zeppelín?

Luego el hijo del vecino del cuarto, un niño…, un niño feo y canijo,  un niño que… Dejémonos de zarandajas: un niño asqueroso.  Y además un poco redicho. Preguntó:
 
-         ¿Es un globo aerostático, papá?
-         Creo que es una piscina, hijo
-         ¿Aerostática, papá?
-         No creo, hijo, no creo

Una niña con voz cantarina y caprichosa, expresó su deseo:

- ¡Yo quiero que sea el castillo hinchable de Pocoyo!

Por fin pude oír a mi mujer.

     -Cariño, - dijo - ¿sabes dónde hemos dejado el cutter?

Mi muerte era inevitable. Ya no podía hablar y me faltaba la respiración.

-         Para el caso un cuchillo también serviría – gritó otro vecino
-         Con los nervios… Vuelvo enseguida

Sentía la falta de oxigeno en mi cerebro. No tenía dudas de que agonizaba. Que iba a morir. Estaba seguro, absolutamente seguro. Era la realidad, no un pensamiento lejano,  sino efectivo e inmediato.

  Vi la vida alejarse de mi como en un trávelin cinematográfico y cenital.  Curiosamente dejé de sentir dolor. Nada. Todo era lejanía, transito. Como si fuera sentado sobre la hoja seca de un árbol que zarandeaba el viento. Y recuerdos. Viejas caras y sensaciones.  Todo a una y mezclado.

No asistiría a la boda de mi hija, muerto por una ridícula piscina hinchable de jardín, pensé, sin miedo, sin reproche, sin pesar.

 Sólo me quedaban zeptosegundos… , destellos,

 Pero de pronto mi visión de la realidad empezó a descender. Noté  una leve conciencia, el olor a plástico y algo cálido y casi extraño dentro de mis pulmones. Y de nuevo el dolor, aunque la presión sobre mi rostro  ya no era tan intensa. Oí:
-         ¡Ya!
Era mi mujer. Luego noté en la cara dos lametones de Chispa que me hicieron abrir los ojos. Oí unos aplausos de los vecinos. También estaba mi hija.
-         ¿Estás bien?
Asentí con la cabeza tratando de normalizar mi respiración.
-         ¿Puedes levantarte? – dijo mi hija - ¿Te ayudo?
Contesté con un gesto de la cabeza. Como pude me incorporé y quedé sentado en el suelo apoyado de espaldas contra la pared.
- No – dije entre carraspeos – Quiero quedarme aquí un momento
Al poco, mi mujer, dijo:
-         Cariño, creo que vamos a tener que comprarnos una piscina más pequeña.
No contesté ocupado como estaba, extasiado, degustando el aire. Entre las dos empezaron a recoger la piscina deshinchada.  Viéndolas pulular por el patio me sentí afortunado. Nunca me había alejado tanto de ellas.
Y en mi cerebro una frase se repetía una y otra vez : todo es tiempo, todo es tiempo, to-do-es-ti-em-po. Todo…









fin

domingo, 2 de marzo de 2014

Después de varias intrusiones del PDLN.
Me he prometido a mi misma, que este año no pondré la piscina.
Simplemente para no darle más motivos a este mí querido esposo, para seguir divagando a costa de mi piscina.
Claro esta que la mayoría de las cosas que cuenta están un tanto exageradas.
Pero de todos modos, me gusta, porque de algún modo, me da a entender que realmente esta más pendiente de lo que hago, de lo que yo imaginaba.
Pues como toda mujer, en muchas ocasiones pensamos que nuestros maridos, ni nos oyen, ni nos ven. Pues bien, quizás tengamos que prestar más atención también nosotras.
Ahora os contare mí fin de semana.
Mi hija se ha cambiado de piso. El que tenia anterior, no le permitía grabar sus videos de recetas, pues la cocina era muy pequeña y necesitaban más espacio para almacenar, tanto cacharro de cocina.
Se han cambiado a un duplex precioso, con muchísima luz y  muchos armarios en la cocina.
Como en el anterior piso, aprovecharon algunos muebles viejos. En esta ocasión han comprado nuevos.
Para sacarle el máximo partido posible, los han comprado de esos que te llegan desmontados y que con un plano “pelin” complicado, tienes que montarlos.
Pues bien. He descubierto que no se me da muy mal.
He montado varios de los muebles y me he divertido mucho.
También, reconozco que en algunos momentos, por mi boca salían algunos de mis “tacos” preferidos. Pues siempre hay algún tornillito que se resiste y hace que desees mandarlo todo al carajo.
Pero superados esos momentos. ¡aleluya¡ mueble montado.
Les esta quedando precioso.
Yo me pregunto ¿Cómo podemos acumular tantos trastos?.
Es una pesadilla. Da la sensación de que las cajas no se acaban, que por más que abras cada vez quedan más.
Como he comentado, mi hija como ejecutora y mi yerno como cámara, editan videos con recetas, cada semana. Para quien no lo sepa el blog es sanwichita.es, están en  Factbook, youtube y twiter.
Pues he llenado todo un armario enorme, con moles, moldecitos, bolees de todos tamaños, todo tipo de espátulas, cantidad de condimentos de todas clases. En fin todo un mundo de aparatos para conseguir que sus recetas sean estupendas.
Me encanta ver a mi hija lo feliz que es. Han tenido la suerte de encontrarse dos almas, las cuales el uno es cómplice del otro en cualquier cosa que deciden hacer.
Su dedicación y duro trabajo, les esta empezando a recompensar.

Se merecen que la vida les ofrezca todo lo mejor.
Los dos tienen títulos Universitarios. Mi yerno fuera de lo de cocina trabaja de lo que estudio. Mi hija, no, pero entre un trabajo y la cocina (que le encanta), están consiguiendo lo que se proponen.
Que puede haber mejor para unos padres, que ver a sus hijos felices.
Para nosotros nada. Si ella es feliz, nosotros también lo somos.
No creáis, que soy la típica madre que todo el día esta contando a sus amigas o conocidos, lo maravillosa que es su hija. No lo soy.
¿Por qué?, pues porque solo se necesita conocerla y sobra lo que yo pueda decir.
Dicho todo lo anterior.
Deciros, que esta semana, la cual he estado sola en casa, pues el PDLN esta de viaje. He comido fatal. Por aquello de….(no quiero cocinar).
Con lo cual esta semana, me toca “tocata y fuga” de la comida basura.
Tengo que cuidar mi salud física, tengo que volver a hacer ejercicio.
Mi salud mental esta bien, muy a pesar de que nos siguen “JODIENDO” los Bancos, pero me los paso, por el c……….
Lo importante en esta vida es, estar bien contigo misma y con los que quieres, lo demás todo se supera, pese a quien le pese.
Eso si, la salud mental tiene que estar muy bien, para conseguirlo.
Por ello. No se pude dejar que te afecten, las cosas que de verdad no son importantes.
Bueno queridos, me despido.
Espero la próxima intrusión del PDLN. Esperando que deje mi piscina y no me obligue a que este verano  no me pueda dar un chapuzón.
Un beso para todos.
  
   

miércoles, 19 de febrero de 2014

PDLN

                                            
                                              CAPITULO V
                                          PRIMERA PARTE
                       UN METEORITO COMO GROENLANDIA


Según el Observatorio Astronómico Nacional, el verano de 2013, comenzó el viernes 21 de junio a las 07 horas 04 minutos. Pues bien, a esa misma hora  de la mañana ya estaba mi querida esposa acicalada  e impaciente dispuesta para ir a recoger su piscinita hinchable de cada año  a un lugar (Carrefour)  poblado de ánimas desposeídas de formas y maneras; malhumoradas, recelosas y antojadizas.

 No hay nada más que comprobar con qué desconfianza se miran unas a otras ante la posibilidad de que alguien se les cuele en la cola de la pescadería, carnicería o charcutería.

O los desbordados carros que pasean orgullosas por los pasillos con gran parte de productos que desconocen y sólo  han de catar; o la infinita desconsideración y menosprecio con que soban la fruta para saber si está madura o verde, cuando en realidad no distinguen más allá de lo evidentemente pocho o  verdechillón, acabándose  por llevar los melones o tomates más sobado (por otros como ellos)

O esos niños que pululan asilvestrados, que lo único que merecen es ser atados con colleras; y que parecen hambrientos a juzgar por la avaricia con que van abriendo todo tipo de bolsas y tarros ante la indolencia de sus padres.

 O ese momento sublime en el que uno, después de hacer una hora de cola para pagar, la chica de la caja, que mastica un chicle al que debe odiar a juzgar por el desespero con que masca, y dice a la mujer que te precede: Son trece con cero siete céntimos.

Y la mujer abre su bolso y no encuentra el monedero.
 “¡Uy! Espero que no me lo haya dejado en casa. Juraría que lo llevaba – dice mientras sigue removiendo el interior del bolso – Qué cabecita la mía.  Pues no; no, no; no está. Mira que si lo he perdido…”

Pero que por fin encuentra después de diez minutos y haber metido casi la cabeza dentro del puto bolso. 
 “Ah, no. Está aquí” – dice con la sonrisa de quien se acaba de librar del ridículo. Saca entonces un monedero del volumen de un ladrillo y que al verlo uno se tapa la cara porque parece a punto de explosionar de lo atiborrado que está de no se sabe qué.

“ ¿Cuánto me has dicho?”
“Trece con cero siete” – responde la chica de la caja con añejo hartazgo.
Abre entonces la mujer el monedero y se le cae un sobrecito rojo perecido a los que incluye Pierre Cardin en la compra de una de sus joyas.

 “Ay” – exclama. Se agacha a recoger el sobrecito y luego, mientras se incorporar, añade - :   “Perdona, nena, pero se me ha caído la garantía del reloj que me regaló mi hija para celebrar el momento histórico en el que el hombre llegó por primera vez  a la luna ”.

Mientras busca el dinero, uno observa, aunque sólo sea para entretenerse, que las ranuras correspondientes del monedero,  todas están llenas  de tarjetas de crédito bancarias,  pero no sé por qué se me antoja que pertenecen por su colorido a la Barbie Millionaire.

También puedo observar, pues la señora parece revisar el contenido de toda la cartera, un sinfín de notas de compras que no me extrañaría que guardara  desde el día que entró en vigor el euro, y otro apartado de fotografías de familiares que a decir por el colorido deben remontarse a   Atapuerca.

Por fin la señora extrae un billete de diez euros y se los da a la empleada. Abre seguidamente la  cremallera de las monedas y con el dedo índice empieza a removerlas con el monedero a cinco centímetros de las narices.

Por suerte encuentra algo, mete dos dedos en forma de pinza y extraer una moneda de veinte céntimos. “No, esta no”. Revierte el proceso y continúa rebuscando. Saca otra moneda de dos euros que también le da a la chica,  que en una de éstas, si en vez de morder el chicle se muerde la lengua va a dar un grito que la van a oír desde el hospital.

 Luego saca  la anterior moneda de veinte céntimos. “Toma – dice a la empleada que se le empieza a poner la cara de la chica que sale del pozo en la  película japonesa The Ring -  Perdona que tarde, hija, pero es que tengo que deshacerme de tanto suelto como tengo. Lo comprendes, ¿verdad?”

 La cajera, furibunda, como toda respuesta insufla una pompa con el chicle  que estalla en su boca. Luego me mira con los ojos encendidos. La mujer va teniendo suerte y saca otra moneda de cincuenta, y tres de diez céntimos.

 “¿Cuánto te he dado ya?”.
“Tres euros”.
 Y la mujer sigue rebuscando. Se detiene y pregunta: ¿Y cuánto era?
 “Trece con cero siete céntimos”.

Continúa y por fin saca las dos monedas de un céntimo, pero al entregarlas se le resbala una de ellas, ésta rebota en el mostrador y cae al suelo. La mujer mira entonces hacia el pavimento buscándola.

Viendo que la espera se prolongará irremediablemente media horas más hasta encontrar el céntimo, me atrevo a preguntar a la cajera, aún a sabiendas que como toda respuesta pueda recibir una peineta:
“Disculpa, guapa. ¿Podrías prestarme tu chicle?




La MDLN salió de casa a las nueve y media para estar puntualmente a las diez en Carrefour. Y allá la once llamó al timbre de la puerta de nuestra casa acompañada de dos operarios con mono azul del mencionado supermercado.

-         Hola cariño, traigo la piscina. – me dijo.
Extrañado miré a los obreros, y como no viera ninguna caja, pregunté:
-         ¿Y la piscina?
-          Es que…- dijo- no cabe por la puerta. Así que…tenemos  que entrarla por la terraza
-         ¿No cabe…? ¿Por la terraza? – exclamé, no sé si más sorprendido que intimidado - ¿Tan grande es?
-         Luego te lo explico.

Como todo el mundo sabe, en  un matrimonio como Dios manda, hay frases perversa, preñadas de cualquier significado excepto el literal. Entre ellas está: Luego te lo explico. Que viene a significar: calla y no preguntes. Viendo mi expresión de desconcierto, mi señora, añadió complaciente:
-         Puedes seguir  con lo que estabas haciendo. No creo que necesitemos tu ayuda.

Dos frases que están en el top ten de arriba catalogadas de perversas . ¡Y juntas! Una detrás de otra. Si mi mujer, MDLN, tiene, debe, o se le antoja hacer un trabajo que requiera cierto esfuerzo muscular en nuestro hogar, y le pregunto si quiere que la ayude, y me responde que no, que no me necesita, entonces siento, lo que debieron sentir las hordas de Alá al oír  el repicar de las campanas de Jericó: terror. Uno puede esperarse lo peor. Para cerciorarme de la gravedad del asunto, mentí:

-         Estaba viendo el partido de futbol: Bollullos - Trijueque.
-         ¿Y cómo van?
-         Ganan siete a cero los del Trijueque.
-         Pobres Bollullos. ¿Y cuánto falta para terminar el partido?
-         Ochenta minutos.
-         Ah, pues puede seguir viendo el partido tranquilamente mientras nosotros entramos la piscina – dijo abriendo la puerta del patio.


Según esta breve conversación, la cosa prometía ser peor, mucho peor de lo que  en un principio hubiera podido pensar.

Y si he de ponerme melodramático, pues qué coño, me pongo y punto, razón no me falta: aquello era como ver por un telescopio un meteorito del tamaño de Groenlandia procedente del  confín de la galaxia, aproximarse inexorable hacia la Tierra, amenazando así con destruir toda señal de vida en la misma.  Y yo, créanme,  no soy Bruce Willis.

Tras abrir la puerta del patio, Chispa pasó al interior. “Hola Chispa” -  dijo mi mujer – Sujétala mientras descargamos la piscina. Chispa olió al operario que acompañó a mi esposa.

Su compañero, (El otro operario) mientras,  había ido hacia el exterior. Apesadumbrado me senté en una silla del comedor a la espera de que se hicieran realidad mis peores augurios.

Y cual  Marlon Brando interpretando al coronel Kurtz en  Apocalipsis Now, comencé instintivamente a acariciarme la cabeza murmurando: El Horror…, el horror… 

Chispa a mi costado me miraba tratando de comprender mi apesadumbrada actitud.

 Miré luego a través del ventanal y pude ver como el obrero del supermercado  ayudaba a la grúa que desde la calle descargaba sobre el patio un enorme obelisco estampado con motivos playeros.

 Coronel Kurtz: Sí, el horror tiene rostro.  “Tienes que hacerte amigo del horror”.

Así que salí al patio seguido de Chispa y pregunté a mi esposa:
-         Cariño, ¿te has comprado una piscina o todo un parque acuático?
-         No, sólo una piscina grandecita
-         ¿Grandecita…?
-        
-         Ya…
Bien. Les aseguro que cuando mi mujer dijo en su spot, que por 4 euros más compró una piscina de 3, 50 metros de diámetro, es cierto. Pero no señaló que se gastó 175 euros más; hagan pues unos elementales cálculos para saber las dimensiones reales de la piscina.

Tampoco matizó al decir : “ande o no ande caballo grande” Tan grande como que el caballo no cabía en la cuadra.

-         ¿Quiere que se la instalemos?- dijo uno los operarios una vez la grúa posó el monolito de Odisea del espacio sobre el patio
-         No, no hace falta.- dijo la MDLN
-         Pero mujer… - acerté a decir
-         Sólo tenemos que abrir la caja y extenderla.
-         ¿Y cómo la hinchamos? - repuse
-         Lleva incorporado un dispositivo de hinchado automático – argumentó feliz

Quise invitar a  los trabajadores del supermercado a tomar una cerveza, pero éstos desaparecieron raudos tras oír el pistoletazo de salida: no hace falta. 

 Luego la MDLN entró en la cocina. Hacía un calor sofocante, aunque de vez en cuando soplaba del norte un apacible céfiro. Chispa bebió agua de su vasija sin perderme de vista.

También se podía oír la algazara de los niños proveniente del pequeño parque infantil. Justo en ese instante apareció de nuevo la MDLN en el patio. Instantáneamente, tanto Chispa como yo, advertimos algo en su mano derecha.

 Era un cutter.  Si en vez de la MDLN hubiera aparecido en el patio Norman Bate de Psicosis con un cuchillo de cocina en la mano, Chispa y yo hubiéramos padecido menos canguelo.

Para que se hagan una idea de lo que eso significa, la última vez que mi mujer abrió una caja con un cutter, que contenía varios libros que se compró por Internet, tras algunos forcejeos, los libros quedaron convertidos en un puñado de confetis. Puro virtuosismo.

Y la muerte…acechando